Guillén reúne votos pro-Mel y descree de la opción Vidakovic
La semana se ha hecho larguísima en el Betis y ahí, entre opiniones, emerge Miguel Guillén, amigo de Mel pero primero presidente responsable. Guillén cree a pies juntillas que hay que agotar la vía Mel y ha buscado apoyos en la cúpula del club y el Consejo. La continuidad del técnico reforzaría su poder. La opción Vidakovic no se contempla. Si hay destitución, vendrá algún técnico experto.


Mientras Pepe Mel se refugia en el despacho con sus ayudantes, se mira al espejo y mira a la pizarra para encontrar soluciones a una crisis galopante, el partido de la semana que no es el de la Real Sociedad se juega en los despachos, con continuas idas y venidas, llamadas, ofrecimientos de entrenadores y teorías sobre qué es lo que le conviene más o menos al Betis en este momento de colapso. Ocho partidos sin conocer la victoria. Y mientras Mel está enjaulado en su despacho, a 500 metros de él, también encerrado en su despacho de presidente del Real Betis, Miguel Guillén madura sus convicciones. Guillén es un buen profesional y mira por el bien de una entidad con 104 años de historia.
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Pero las emociones existen. Mel y Guillén han cimentado una profunda amistad antes incluso de que el empresario fuera presidente. De su reunión en Nueva York, en un restaurante imperial con vistas en Manhattan, podrían hablar horas. Allí, animados por el deslumbrante escenario, compartieron sueños para un proyecto que ahora está en peligro. Incluso fortalecieron su relación en las estadías de pretemporada de Hondarribia y Cardiff. Hicieron footing, jugaron al tenis, almorzaron y cenaron inseparables (Gordillo se unió al tándem). Guillén quiso incluso que Mel conociese el Belmont Abbey School de Heresford (Inglaterra), donde estuvo tres años interno. Mel presentó hace semanas en sociedad su primera novela, El Mentiroso, con Guillén sentado a derecha. "Lo hace en condición de amigo, no de presidente", aclaró. Pero ahora se impone la jerarquía y arriba está Guillén, que maneja apoyos, entre otros el de Gordillo, para intentar mantener a Mel aunque se pierda ante la Real Sociedad. Guillén descree de la opción Vidakovic (técnico del filial), todavía verde para una situación límite. Se valora su trabajo en el filial pero el calado de la empresa invita a inclinarse por una opción con más garantías. Se postulan nombres (Esteban, Lotina, Míchel) y revolotea una sombra para el medio plazo: nada menos que Lorenzo Serra Ferrer, que debería desprenderse de sus acciones en Mallorca pero que tiene hilo directo con la clase influyente estos días en el Betis y conserva el calor de la grada. Su regreso, en condición de entrenador o en cualquier otro puesto, parece cantado. Falta ponerle fecha.
Pero Guillén ha conseguido reunir apoyos en torno a Mel y considera que la destitución tiene que tener una base firmísima, irrebatible desde cualquier perspectiva. Si Mel gana y sigue, su figura se reforzará y ganará poder. Resistir es vencer, dicen.



