Tito eclipsa el morbo
La operación al segundo de Pep, relativiza el fútbol.


Hace semanas, incluso meses, que el único argumento de la obra que iba a desarrollarse en el majestuoso escenario de San Siro se basaba en la escena reservada a Pep Guardiola y Zlatan Ibrahimovic. Dos personajes que viven un duelo apasionante para los medios. Ellos eran el morbo de un partido que, además de decidir el primer clasificado del grupo, tenía mucho de revancha personal. Eso gusta.
Pero antes de que el Barcelona tomara el avión rumbo a Milán, se conoció la noticia de que el segundo entrenador del club, Francesc, Tito, Vilanova, no podía formar parte de la expedición porque estaba siendo operado en ese mismo instante en el Hospital Vall d'Hebrón de Barcelona de la glándula parótide. En ese momento, la ausencia de un personaje, en principio secundario en la obra de esta noche en el magnífico teatro milanés, adquiría rango de absoluto protagonista. Y lo que era más importante, el interés por la salud del ayudante de Guardiola delegaba la atención del reencuentro entre Ibra y Pep a un segundo plano. El morbo del duelo quedó eclipsado de un plumazo.
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El Partido. A pesar de que en esos momentos todo el mundo se siente un poco burdo por el hecho de fijar su mirada en un partido de fútbol, el duelo debe jugarse. Y el encuentro es un partidazo y además, determinante en el desarrollo de la mejor competición del mundo.
El Milán sabe que tiene que ganar o ganar si quiere tener opciones de pasar como primero de grupo a los octavos de final. Al Barça le vale con el empate y su gran problema de cara es cómo llenar el lateral derecho sin Alves ni Adriano. Ni Tito en la banda, claro.



