La falta de pegada perica da un respiro a Montanier
La Real Sociedad fue despedida entre silbidos y bronca


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Si el fútbol fuera también una fiesta de la democracia (avisamos de que tan manida es la expresión como alejada de la realidad la suposición), de lo vivido ayer en Anoeta se podrían extraer dos conclusiones determinantes. La primera, por lo que respecta a la Real Sociedad, es que Montanier debe de tener los días contados como entrenador txuri-urdin: su propia afición le abroncó por sustituir a Illarramendi por Aranburu -con algunos pañuelos desempolvados ya en la grada- y repitió silbidos y abucheos al término del encuentro. La segunda tiene que ver con el Espanyol y, concretamente, con su notoria falta de pegada: que el equipo perico carece de gol no es noticia (llegaba a Anoeta con sólo nueve tantos), pero a base de insistencia sí ha prosperado como motivo de inquietud, y quizá como punto de partida para buscar soluciones, quién sabe si en el mercado de invierno.
En descargo del Espanyol, no obstante, conviene señalar que muy pronto se quedó sin su atacante más en forma. Sergio García se tuvo que retirar en el minuto 16 por un pinchazo en el cuádriceps de la pierna derecha, aunque también es de recibo remarcar que su sustituto, Thievy, cuajó una notable actuación. Los pericos llegaron y llegaron. Pero nunca definieron. Vivieron otra vez a la sombra del gol. Problema para el Espanyol y respiro indirecto para la Real. O, mejor dicho, para Montanier. Y un pecado/virtud común en ambos equipos: contar con la juventud es una inversión, pero requiere paciencia.



