El Málaga es un buen bálsamo
EL Betis empata por fin tras seis derrotas seguidas. Los de Mel, mejores que el apático equipo de Pellegrini. Se salvó Joaquín y en el Betis, Pozuelo.


No pudieron ni la animosidad sin pegada del Betis ni la desidia con glamour del Málaga, y el empate a cero se impuso como resultado lógico entre tanta mediocridad, tan sólo alumbrada por las carreras de un artista que volvía a Heliópolis, Joaquín, y algún toque de calidad del que quizá sea la próxima estrella verdiblanca, Pozuelo. Fue mejor el Betis a los puntos, más presente en el área rival, pero sólo dio para que los de Mel sumaran su primer empate en siete jornadas, tras seis derrotas consecutivas, lo que evitó igualar el peor récord bético de este calibre. Lo que no se acaba es la sequía goleadora: un tanto en siete partidos. Nunca fue peor.
No tiene su momento Rubén, que ha salido sin velocidad de una lesión, ni tampoco Molina, que todavía ha de demostrar que es de Primera. En el Málaga, la presencia de Duda en el mediocentro chirría. Con él, el Málaga se mueve a los impulsos de calidad de Joaquín y Cazorla (pero el asturiano casi ni apareció) y también de las carreras que se pegue el omnipresente Monreal, un lateral de Selección. De las botas del navarro salió la mejor ocasión del partido, un cabezazo de Rondón que salvó un gran Casto, que esta vez sí tuvo premio a una buena actuación.
Siempre será el Villamarín la casa del chico Juaqui, talento con el balón en los pies para darle la tarde a Nacho e Isidoro, cómo sudaron los laterales detrás del portuense cuando se alejó del centro y se marchó a la banda, su lugar natural. La gente le quiso, le quiere y le querrá, quizá por eso se paró en medio del área en uno de sus jugadones con temple y amague, finta y esprint, que no remató tal vez porque no quería aguarle la fiesta a los béticos. Desaparecidos Isco y Cazorla, apenas el Figo de El Puerto puso en jaque a la adelantada defensa bética, peligrosa para la velocidad ultrasónica de Rondón, pero el venezolano apenas si estuvo, contagiado por el pasotismo general de un Málaga al que hay que pedirle al menos que sea mejor y ayer no lo hizo. Dominó el centro el Betis, sólo Toulalan contra tres.
Cañas. Hay que reconocer que el Betis ha encontrado algo más de equilibrio en el estajanovismo de Cañas, que corrige a lo defensivo la valentía de Mel. Fue el mejor en esa parcela porque Beñat se mostró extrañamente fallón en el pase, aunque aún deprimido el mediocentro vasco sigue siendo el futbolista sobre el que rota el juego verdiblanco. Cuando Mel le quitó, se acabó el Betis.
La manija fue la mayor parte del tiempo del Betis, más necesitado y también mucho más interesado:a veces, sobre todo fuera, parece como si al Málaga no le fuera demasiado en la guerra. Lástima de último pase para Rubén, Molina o Pozuelo, bien el chaval en el esfuerzo pero quizá le pasa factura la falta de oxígeno en los metros finales. Si tuviera que correr menos, era aún mejor. Sucede que este Betis tiene una pelea horrorosa con el gol, y no ve la luz al final del túnel. ¿Falta calidad? Seguramente. Se supone que la tiene Santa Cruz y que la descubría Rubén Castro, pero el canario está irreconocible. Molina lo intentaba, pero al menos a día de hoy le falta una velocidad, algún kilómetro extra para demostrarnos que tiene que ser titular en Primera.
La media hora final dejó lo mejor del Málaga y lo peor del Betis, cansados los béticos tal vez por el derroche e incapaces de crear peligro. Ni gracias al (supuesto) desborde de Ezequiel ni con la fugaz aparición de Matilla, esta vez para nada. Sin la gasolina de Joaquín, el partido se perdió entre una petición de penalti a Isidoro (que no parece) y unas tarjetas amarillas de Fernando Teixeira, no se sabe por qué contra el Betis cuando Gámez se había hartado de dar. El Málaga suma sin merecerlo demasiado y el Betis por fin sabe empatar. Mel y Pellegrini siguen y estarán dentro de quince días, reválida de juego para ambos, por supuesto. Pero sus dos equipos deben mejorar.
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