El Valencia sigue vivo
Jonas, Soldado y Rami firman el triunfo ante el Bayer.


El Valencia mantiene intactas sus opciones. Incluso la cosa se le ha puesto mejor de lo esperado. No sólo logró anoche la victoria sino que además con el 3-1 le ganó al Bayer el goalaverage particular. Además, el empate entre el Chelsea y el Genk obliga a los ingleses a tener que ganar en Alemania para no sufrir de más por la clasificación.
Vamos con lo visto en Mestalla. Hubo un partido antes y después de Banega. El gol de Jonas a los nueve segundos quedaba en dato para la historia pero casi en anécdota del partido por cómo transcurrió el mismo después, porque fue irse Banega en camilla y producirse un cortocircuito en el juego che. Tino Costa llevaba sin competir desde la visita al Sánchez Pizjuán y al argentino le costó muchos minutos hacerse amo de su zona. Hasta que lo hizo (que lo hizo), sin ese plus de calidad, sosiego y conducción de Banega la balanza se decantó del lado físico germano durante muchas fases.
De hecho lo hizo hasta convertir a Diego Alves en posiblemente el jugador más decisivo de entre los blanquinegros durante la primera parte. El guardameta brasileño evitó dos goles (espectacular su palomita a cabezazo a bocajarro de Toprak), aunque no pudo hacer nada en el remate de cabeza de Kiessling, quien sólo desde el borde del área pequeña giró con maestría la cabeza colocando el balón lejos del alcance de Alves.
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Los valencianistas sentían permanentemente el aliento de un alemán en el cogote y sólo por ramalazos técnicos de Feghouli y Jonas o por los desdoblamientos de Mathieu por el carril izquierdo lograban hacerse notar en la zona de tres cuartos, aunque en verdad a Leno se le vio maldecirse por su fallo en el despeje a los 9 segundos y poco más durante la primera mitad. Pero el Bayer pecó de darse por contento con el empate y fue ese conformismo germano el que no sólo mantuvo vivo al Valencia sino que le metió de nuevo en la Champions.
Los che, empujados por Mestalla, tiraron de casta para pelear hasta el final por meterse en los octavos de final. Bregaron por cada balón como merecía la ocasión y más por pundonor que por juego fue como se llevaron el partido a su terreno y los tres puntos a su casillero. Porque sacó fuerzas de flaqueza Mathieu para correr hasta el fondo y centrar para que Soldado, con un gesto característico suyo, enviara al primer toque el balón a la red. Y diez minutos después, Rami, el coloso francés, entró de cabeza con todo a la salida de un córner y llevándose a dos defensas por delante anotó el tercero. Todo sea dicho, bien pudo cambiar la historia si el sueco Jonas Eriksson no hubiera anulado un gol por fuera de juego de Schürrle. Era legal no, lo siguiente; y hubiera significado empate a dos.



