Aguirre pierde el aura en su semana más desafortunada
El Zaragoza ha encadenado tres derrotas (Osasuna, Valencia y Atlético) en una semana, la más desafortunada de Aguirre desde que llegó al club hace casi un año. No sólo por los resultados y el mal juego del equipo, sino también por sus planteamientos y sus declaraciones. La crítica coincide en que el equipo ha pecado de defensivo y en que el técnico se ha equivocado en el manejo del grupo.

Tras un paulatino crecimiento de juego y resultados, el Zaragoza de Aguirre se ha derrumbado radicalmente cuando menos se esperaba. No sólo en la competición, con tres derrotas consecutivas, sino también en su consideración popular y en su armonía colectiva. La palidez del equipo en Pamplona, el contemplativo planteamiento contra el Valencia y la revolución defensiva del Calderón chocan frontalmente con el gusto del zaragocismo. Y sus declaraciones respecto a la afición osasunista, el juego del equipo o algunos futbolistas extrañan también rotundamente.
Así, la temporada pasada, con su templanza y su coraje como banderas, Aguirre lideró la resurrección del equipo y se ganó un merecido aura del entorno que ahora ha perdido momentáneamente. Al margen del gusto futbolístico, de estilos o sistemas, había construido un Zaragoza reconocible, comprometido, con las ideas claras. No era un equipo maravilloso ni elegante, pero sí derrochaba pundonor e iba al frente. Además, cambió futbolistas tantas veces fue necesario, según su rendimiento. Por ejemplo: Ponzio no fue fijo al principio; Bertolo, Boutahar y Lafita entraron y salieron; Paredes y Obradovic se alternaron; incluso Leo Franco, su preferido, debió ceder ante Doblas...
Vestuario.
Sin embargo, ahora apuesta repetidamente por unos futbolistas que no cumplen las expectativas y deja en un segundo plano a otros que sí tienen el favor de la grada. Su insistencia en Juárez y Barrera, por ejemplo, es difícilmente comprensible sin atender al pasaporte. "Tener sobrinos en un vestuario es lo peor que puede hacer un entrenador", afirmó César Láinez en Aragón Radio. Además, lo adorna alegando falta de Jordi Alba a Juárez en el gol del Valencia, en el que señala a Juan Carlos como culpable ("el jugador que da el pase es su marca") y resaltando que "Barrera tiró un centro precioso y Postiga llegó un día tarde". "No hace falta faltar al respeto a un futbolista para justificar que no sea titular", razonó Xavi Aguado en ABC Punto Radio.
Ese contraste en el trato a unos y otros supone un resbalón en el manejo del grupo, una de las principales virtudes de Aguirre hasta ahora. Su coherencia, su sensatez y su justicia habían sido siempre bien ponderadas por la crítica y por la afición. Sólo se le pudo censurar, probablemente, su exceso de celo al criticar el lanzamiento de balones del público de La Romareda contra el Getafe, la temporada pasada. Sin embargo, todos los medios de comunicación y foros de debate zaragocistas coinciden ahora en su sorpresa y rechazo a la reciente forma de proceder públicamente del Vasco.
Defensivo.
En cuanto a los planteamientos, ha decepcionado el paso atrás del equipo en los últimos partidos, tanto en La Romareda ante el Valencia como en el Calderón frente al Atlético. "Yo no recuerdo un Zaragoza en casa tan miedoso y cobarde, que jugara tan atrás y no tuviera ninguna ocasión de gol. El mensaje del entrenador lo captan los jugadores", sentenció Aguado.
Noticias relacionadas
Por otro lado, Aguirre se ha contradicho a sí mismo. "La conclusión -dijo el sábado- a la que he llegado esta semana es que el equipo tiene más estabilidad defensiva, pero debe mejorar en ataque, tener más claridad". Antes, tras el partido contra el Valencia, había dicho que no le preocupaba que el equipo no chutara a portería. Y después, en el Calderón, sacó tres centrales y tres pivotes defensivos, con solamente Luis García y Postiga al ataque. ¿Por qué si el equipo era estable atrás? ¿Por qué si necesitaba más flujo ofensivo? ¿Por qué si el Atlético llevaba cero victorias y un gol a favor en los últimos siete partidos?
Por último, el zaragocismo tampoco sonríe ante los piropos de Aguirre a la afición del Osasuna o su calificativo de "travesura" a la agresión al autocar del Zaragoza, que él mismo debió matizar seis días después. Todas esas declaraciones y esos planteamientos futbolísticos, unidos a los resultados lógicamente, suponen un menoscabo de la estima general del entrenador. Sin duda, Aguirre ha vivido su semana más desafortunada en el Real Zaragoza.



