El Valencia se flagela
El Leverkusen le remonta y le deja contra las cuerdas


El fútbol es tan grande porque dos y dos pocas veces son cuatro. Cómo explicar que el día en el que el Valencia hizo su mejor fútbol sufrió su peor derrota. Cómo entender que un equipo que da un repaso al rival como el que los ches le dieron al Bayer esté a un paso de decir adiós a la Champions. Pero hasta en el fútbol todo tiene un porqué y dos palabras definen lo de ayer: regularidad y personalidad. De ambas cosas adoleció anoche el equipo de Emery, porque pasó del todo a la nada y acabó dejándose llevar en un partido en el que debía dar un golpe en la mesa y lo que hizo fue llevarse un mazazo por la espalda aunque no a traición, ya que venía generando dudas este Valencia en Liga y confirmó sus males en Europa.
Pero lo dicho, durante 37 minutos los aficionados del Leverkusen buscaron y no encontraron a sus jugadores. La presión e intensidad de los de Emery propiciaron que hasta pasada la media hora no dieran más de dos pases. Hasta Ballack parecía un juvenil debutando en Champions. Jugando al son que marcaba Banega el Valencia adormilaba a los germanos y con las apariciones por banda de Alba, Mathieu y Pablo y el juego entre líneas de Jonas les hacían un siete tras otro. Por no hablar que la pizarra de Emery fue un auténtico dolor de cabeza para los mentores de la aspirina.
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El partido era un monólogo y se barruntaba en la grada que antes o después llegaría el gol che. Pudo ser obra de Pablo o de Soldado. Sólo faltaba ponerle música al baile y fue al ritmo de samba. Minuto 24: gol de Jonas, uno de esos casos extraños que tiene el fútbol, porque llegó a Europa por cuatro duros cuando venía de ser el máximo goleador brasileño y porque pocos internacionales por Brasil tienen tanto que sudar para ser titular en su equipo como él desde su llegada.
Sin poner la puntilla. El festival blanquinegro continuó durante diez minutos más, tiempo en el que el goleador, Pablo y Rami pudieron dejar la contienda vista para sentencia. Pero no lo hicieron y el Bayer despertó. Fue a raíz de un disparo de Schürrle desde su casa cuando a los de Dutt se les encendió la bombilla. En menos de un minuto Diego Alves evitó dos goles y el Valencia miraba el reloj para ver cuánto quedaba hasta el descanso. Pero fue peor el remedio que la enfermedad, porque del vestuario salieron los de Emery empanados. ¿Cómo un equipo que había jugado tan bien una hora antes podía dejarse llevar por el campo hasta el punto de que en cuatro minutos le remontaran? Eso fue lo que hizo el Bayer gracias a Schürrle y Sam. Y de ahí hasta el final un querer y no poder. Como se dice por Valencia "mala pinta te el malalt (el enfermo)" y derrota en Alemania de las que duelen toda una temporada.



