Miguel Guillén: cien días modernizando el Betis
Su presidencia continuista, en el mismo camino que la que dejó Gordillo en junio, potencia las estructuras y tiene respaldo social


Huele a nuevo y limpio el Betis. Luego habrá que comprobar que no es sólo una mano de pintura. Pero hay vientos de cambio estructural. Pasan cosas mejores en Heliópolis, en una transición que todavía está en un "limbo judicial" como admitió hace sólo días Miguel Guillén porque Lopera, dueño del 51 por ciento de las acciones, todavía espera que la jueza que las intervino, Mercedes Alaya, le diga exactamente qué va a hacer con ellas aparte de suspenderlas cautelarmente. El Betis no puede escapar a esa sensación de provisionalidad que muchos esperan que termine con un pacto sotto voce entre Lopera, los demandantes y la clase dirigente actual que se mueve a la luz..., y en la sombra. Pero eso no está nada claro. "Falsarios", llama Lopera a los informes periciales sobre su presunto fraude societario...
El Betis, tiene mérito, crece en un galimatías de intervenciones judiciales y procesos concursales. Las jerarquías de poder se distribuyen en dos ramas. No se da un paso sin los administradores (Francisco Tato, Antonio Jesús González y Gerardo Narbona). Un desierto de negociaciones con un oasis final: el convenio de acreedores. Nadie lo pone fácil. Ni Hacienda...
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Y al tiempo que avanza el concurso, el Betis se desarrolla con un administrador provisional de las acciones de Lopera, José Antonio Bosch, y un organigrama que hoy desde hace cien días tiene su cabeza visible en Miguel Guillén. "Los últimos presidentes del Gobierno no sabían inglés. Tampoco el que va a serlo (por Rajoy). El del Betis sabe inglés y francés", alaba con ingenio Mel. Guillén es más que eso. Fue un eficiente director de marketing unos meses y, sobre todo, el hombre de consenso. La cara amable de Bosch y el alma gemela de Gordillo, futuro presidente oficial de la Fundación. Gordillo sonríe y transmite relajación, pero su ascendencia en el club ya no es simbólica. Se hace escuchar. Sobre Bosch, Guillén y Gordillo se construye visiblemente el Betis. Detrás del escenario hay más actores, de poco renombre y escasa notoriedad, pero con capacidad de ejecución. Y responsabilidades. El Betis, ahora sí, da síntomas de S.A. moderna. Ha mejorado, siempre con matices, el decorado (imagen de marca, página web, vestuarios, relaciones con los medios, cantera, la mejora de la Ciudad Deportiva). Ha echado el cierre a ese club oscuro y con aire de dictadura bananera que dejó Lopera. Casposo e improvisado, populista. El modelo insoportable que el beticismo sólo respetó por sus grandes nombres, las dudosas inversiones y ciertos resultados deportivos, pero que era cartón piedra. El nuevo Betis, el de los cien días de Guillén y el que nació después del adiós del inquietante Oliver y la elección como presidente de Gordillo en la Junta del 13 de diciembre , es otra cosa. Le queda garantizar su legitimidad definitiva (investiga y decide Alaya), pero camina.
Y gusta a su gente. Tiene 46 millones de presupuesto y 37.000 socios. No tiene interés por discutir con su vecino, el Sevilla. Aspira a acercarse a él. Y ha creído encontrar un capitán serio, José Mel Pérez, con una idea de fútbol que trasladar a la base. El sueño del pequeño Ajax, del pequeño Barça. "Cien días no son nada", dijo ayer Guillén. Cien días son sólo ideas, pero mejor si son buenas.



