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Tuvieron que bajar a la mina

Liga BBVA | Sporting 0 - Barcelona 1

Tuvieron que bajar a la mina

Tuvieron que  bajar a la mina

El Barça sufre para ganar en El Molinón y ponerse líder. El Sporting de Gijón maniató al equipo de Guardiola. Adriano logró el tanto decisivo.

Sudó tinta el Barça para ganar uno de esos partidos que el tópico define como de ésos que a la larga valen campeonatos. Por lo pronto, valió para que el equipo de Guardiola accediera al liderato de la Liga justo antes del inminente parón provocado por las selecciones. El Sporting no inquietó a Valdés, pero nunca dejó que el Barça desarrollara su juego y consiguió que los culés se sintieran incómodos a más no poder. Ni que Adriano abriera el marcador en el minuto once desbrozó un partido que fue un campo minado para el Barça del primer al último minuto.

De nuevo, el partido empezó a jugarse desde la pizarra. El Barça es un puzzle repleto de piezas intercambiables que hacen la delicia de su entrenador. Tanto es así, que saber de antemano la alineación una hora antes de empezar el partido no le asegura al técnico rival tener remota idea de cómo va a jugar el conjunto de Pep.

En esta ocasión, Guardiola volvió a apostar por una defensa de tres, dejando al trío de centrales naturales (Piqué, Puyol y Fontàs) en el banquillo. Adriano, supuesto lateral izquierdo en una defensa de cuatro, jugó como extremo derecho mientras que el teórico extremo diestro, Pedro, jugó como segundo delantero centro.

Pero ni por esas se descentró un Sporting que tenía muy claro que sus opciones pasaban por cerrar los espacios, correr como posesos y sufrir lo indecible a lo largo del terreno de juego. Lo hicieron.

Sangre fría. Más allá de consideraciones tácticas, el encuentro tenía mucho de control mental. Para el Sporting era un ejercicio de concentración brutal. No podían desconectarse del partido ni un momento. Ni cuando recibieran el primer gol. Para el Barça era un ejercicio similar. Debían armarse de paciencia y nunca dar el partido por encarrilado. Ni cuando marcaran el primer gol.

El primer tanto llegó pronto y, según el mensaje inculcado por ambos entrenadores a sus pupilos, ni el Sporting se descompuso ni el Barça bajó el pistón. El tanto llegó gracias a una jugada de manual que el Barça utiliza en casos como los de ayer en los que se encuentra a rivales pertrechados atrás. Si no se puede entrar tocando, se chuta desde fuera. Xavi lo hizo, la pelota fue al palo y Adriano, como un atacante más, la empaló a la red.

A partir de ahí, el Barça, comandado por un Thiago muy activo, jugó sus mejores minutos y Villa tuvo la oportunidad de ampliar el marcador. Messi, rodeado de rivales, siempre se acababa chocando con Botía, un titán. Y cuando lo consiguió superar, fue objeto de un penalti por parte de De las Cuevas, que el árbitro no señaló.

El Sporting capeó el temporal de la primera parte sin apenas asomarse al medio campo del Barcelona y en la segunda avanzó unos diez metros su línea defensiva. El Barça, mediatizado por la lesión de Abidal, recuperó la defensa de cuatro con la entrada de Maxwell y de Piqué. El partido estaba controlado por el Barça en el juego, pero no había manera de ampliar la diferencia en el marcador. Comandados por un Busquets imperial, el Barça supo navegar en los últimos minutos con paso firme y sacar oro de la mina asturiana.