El Madrid se cuelga la medalla al valor del Rayo

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El Madrid se cuelga la medalla al valor del Rayo

El Madrid se cuelga la medalla al valor del Rayo

El Madrid se curó con goles. Hat-trick de Cristiano y síntomas esperanzadores de Kaká. Di María vio la roja. Mou acertó con los cambios. El Rayo pagó su osadía, pero ganó reputación.

Fue una película de aventuras, ganó el Madrid y se sintió aliviada su hinchada y entre orgullosa y moderadamente decepcionada la del Rayo. Y la Prensa testificó sin el abatimiento que presuponía Mourinho en la víspera ("a algunos se os acabará la alegría mañana") buscando enemigos donde sólo había dos sesiones de mal juego acompañadas de sus críticas correspondientes.

La tarde favoreció la reinserción de Kaká, que manejó con maestría y su mejor zancada la contra del Madrid, pilar de su remontada. Di María volvió a dejar al equipo con diez sin ofrecer síntomas de mejoría ni acercarse a aquel torbellino que pareció hace un año. Mourinho recuperó el tacto de gran entrenador, transportando, cambio a cambio, al equipo del infierno al cielo. Y al Rayo, cuya valentía tuvo doble filo pero resultó admirable, se le hizo eterno el partido, incluso cuando se vio en superioridad numérica.

Madrugó el Rayo

El Madrid cayó de boca en el choque. Lass perdió un balón, lanzó Tamudo, rechazó Casillas, se durmieron los centrales B y metió la puntilla Michu. Veintidós segundos y el sistema nervioso central del Madrid golpeado. La peor manera de gestionar una crisis.

También un error de cálculo. El Rayo es más de lo que dice su plantilla. Tres de sus fichajes pasaron en el paro gran parte del verano, tres de sus cuatro mejores goleadores del curso anterior ya no están. Eso le confiere una apariencia de equipo devaluado y facilón. Pero tiene un entrenador y un plan. Y una propensión a envalentonarse, ante la ley concursal o ante el Madrid, dos enemigos gigantes.

La lección de Movilla

Y así se plantó ante el Madrid, sin entregar el balón, presionando y adelantando su zaga, terrenos donde se cortan las orejas y también donde se reciben las cornadas (muchas se llevó). Favorecido por el gol y por la caída de tensión del Madrid firmó media hora espectacular. Movilla, futbolista eterno, mediocentro que siempre ha estado por encima de su valor nominal, le dio salida. También Michu, volante multifunción. Y el jovencísimo Lass le hizo venenoso. Por la derecha le puso esta vez Sandoval y a Marcelo le resultó diabólico.

El Rayo marcó uno y tuvo dos más antes de que Mourinho, con el Bernabéu inquieto y protestón, diera un volantazo decisivo. Retiró a Lass, metió a Özil, mandó un mensaje y despertó a Kaká y Cristiano. El Rayo perdió su ventaja anímica y el oxígeno de sus contras y el Madrid fue encerrándole, llevándole a un terreno que no domina. Ahí, en su área, se maneja mal.

La remontada

Además, comenzó a distraerse, principio del suicidio. Sacó mal de banda en ataque y se tragó como un sable una contra que Cristiano depositó en la red. Y al borde del descanso, trazó peligrosamente la línea y encajó el segundo. Quizá Sergio Ramos corrió al centro de Xabi Alonso ligeramente adelantado para servir de cabeza y en bandeja la pelota a Higuaín. Decisiones de tan altísimo riesgo disculpan a los colegiados.

En cualquier caso, el Madrid recuperó su sistema circulatorio y su pegada y afloró la evidencia de que en partidos así sobra con Xabi Alonso como mediocentro y conviene ampliar el espacio de creadores, sobre todo para abrirle hueco a Kaká, por si queda algo de lo que hubo. Y parece que sí.

El desenlace

El comienzo de la segunda mitad estuvo repleta de noticias. Las dos primeras fueron excelentes para el Madrid: Michu perdonó el empate y Movilla le hizo un penalti a Kaká que convirtió Cristiano. Las dos siguientes equilibraron el partido: Michu volvió a marcar, ahora de cabeza, y Di María se ganó la segunda amarilla por una mano evitable. La falta de acierto le ha vuelto peligrosamente imprudente.

Mou quisó proteger el triunfo con Khedira y esta vez dio en el clavo. Al Rayo le costó alargarse pese a su superioridad numérica y se vio definitivamente perdido cuando Varane, en movimiento circense, marcó de espuela a la salida de un córner. Lo que empezó como un recurso quedó casi como obra maestra. Benzema, en pleno tiroteo, y Cristiano, lanzando otro penalti a lo Panenka, confirmaron la goleada y el Rayo se consoló con la medalla al valor. A título póstumo.