La estrategia de Guardiola volvió a dar gran resultado
Aprovechó las críticas tras los empates para unir al grupo.


El espectacular triunfo del Barça ante Osasuna (8-0) ha servido para que Guardiola aumente su crédito, si es que eso era aún posible, al frente del equipo culé. El triunfo, por contundente en el marcador y convincente en el juego, viene a asentar la posición del entrenador que ha acentuado la idea de aislar al vestuario del exterior en una estrategia que, al menos en el fondo, no es tan diferente de la de Mourinho en el Madrid.
Tras los empates contra la Real Sociedad y el Milán, el grupo se sintió desairado al considerar que se les criticaba injustamente. Lo cierto es que las críticas eran puntuales y nadie cuestionó el recorrido del equipo. Pero Guardiola pensó que la mejor defensa es un buen ataque y realizó una furibunda de los suyos que no se correspondía con lo que se había dicho en los medios.
Su reacción en la sala de prensa centró el foco en el técnico, que entró al cuerpo a cuerpo. Y como las ruedas de prensa de Guardiola son casi el único medio de contacto con la plantilla (no se conceden entrevistas individuales, los entrenamientos son a puerta cerrada y las ruedas de prensa de los jugadores escasean cada vez más) el mensaje de Pep se convirtió en dogma.
En el Barça creció la idea de "estamos solos contra todos" que sirve para cohesionar cualquier grupo. Y si el grupo, como es el caso, viene del éxito y mantiene una excelente relación, la jugada tenía que ser ganadora a la fuerza.
Tras la goleada la cosa ha quedado en que Guardiola vuelve a tener razón y se siente más justificado que nunca para seguir con la bunquerización de un equipo que demuestra unas ganas de ganar ilimitadas.
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Los jugadores le siguen ciegamente, la afición le tiene como un referente y la directiva sabe que es la piedra angular de la institución, por mucho que se niegue a comprometerse por escrito a largo plazo.
Tal y como pasó en abril en el Bernabéu, cuando se enfrentó a Mourinho en sala de prensa y levantó el ánimo de un equipo que venía de perder la final de Copa, Pep ha vuelto a demostrar que los equipos, también se gestionan con los mensajes. La historia reciente le avala. En temporadas anteriores, también se dieron tropiezos que derivaron en una catarsis del vestuario que se encerró en si mismo, creyó en sus posibilidades, hizo piña y acabó por destrozar rivales. Osasuna, el sábado, lo probó en sus carnes.



