Una siesta a destiempo
El Barcelona pierde dos puntos de forma incomprensible. Ganaba 0-2 y dominaba a placer y se dejó empatar tras un fallo garrafal de Villa. Lesión de Alexis. Anoeta vuelve a resistir a Guardiola.


Una tarde plácida se convirtió en una china inesperada en los zapatos del Barcelona: empate, dos goles encajados y lesión de Alexis Sánchez. Empezó presumiendo de fondo de armario, amagando con otra exhibición, y terminó nervioso y descosido, sin poder cuando quiso después de no haber querido cuando podía. A Guardiola le coincidió el único campo en el que perdió la pasada temporada con el 'virus FIFA' y con una siesta a destiempo, prematura y finalmente lisérgica.
El empate sirve además de mensaje en pleno debate sobre las diferencias y las posibilidades. El asunto del Barcelona, el Real Madrid y todos los demás. En fútbol siempre se puede aunque lo visto en Anoeta sólo se explica desde la suficiencia excesiva de un Barcelona que se aburrió de dominar y que regaló el empate en dos minutos tragicómicos, cerca del ecuador del segundo tiempo, con un remate de cabeza de Agirretxe y otro de Griezzmann que remachó un remate al larguero del propio Agirretxe tras asistencia de... Villa. El asturiano regaló el empate con un incomprensible pase atrás desde su campo y hacia el balcón del área de Valdés. Un impropio fallo de concentración al que siguieron minutos de susto y nervios en los que el Barcelona ya no tuvo claridad, no hilvanó y apenas creó ocasiones claras porque terminó con Messi e Iniesta pero sin ideas.
Tras los partidos internacionales y en medio de interminables días de elogios, al Barcelona le pareció suficiente el 0-2 y sesteó. No remató un partido moribundo y a sus pies. Es el fútbol: jugadas aisladas, rechaces, fallos de concentración... Un Barcelona soberbio en el primer tercio de partido, conformista hasta la arrogancia en el segundo e incapaz en el tercero porque había decidido dejar de sudar demasiado pronto. Así pudo la Real, que tuvo los mejores remates sobre la hora, escalar la montaña como pedía Montanier. Su mérito fue conservar siempre un improbable hilo de vida y aprovechar lo poco que tuvo. Mucho sudor, mucho trabajo y un premio imprevisto. Un punto de oro en la Liga bipolar.
Virtudes y defectos
En el soleado césped de Anoeta apareció un Barcelona que lució fondo de armario. Con muchos cambios en el once con respecto al partido contra el Villarreal. Un Barça de negro y sin Messi, Iniesta, Villa, Abidal, Mascherano... y todavía sin Piqué y Puyol. Pero un Barcelona dominante que marcó dos goles en un cuarto de hora a base de acumular hombres en ataque y filtrar pases entre líneas. Fábregas fabricó el que marcó Xavi y remachó el segundo ante un suicida sistema defensivo de la Real Sociedad que basculaba sin morder sobre el balón y con las líneas demasiado adelantadas. El paraíso para un Barcelona que acumulaba y escalonaba jugadores en ataque. Thiago, Cesc y Xavi, con Keita como eje y Pedro y Alexis rompiendo en las bandas. Un Barcelona dulce que dominó el primer tiempo con una autoridad escandalosa. Pero que no puso demasiado ahínco en buscar el tercero y enterrar definitivamente a una Real por entonces sumisa.
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Después todo cambio. Un poco de moraleja y un mucho de esos azares que tiene el fútbol. Cuando se vio exigida, la pareja Fontás - Busquets hizo aguas. Se notó la falta de un central rápido (ni Puyol, ni Mascherano, ni Abidal...). Y en ataque el Barcelona estuvo pobre en la última media hora ya con una Real revitalizada por el resultado y el paso de los minutos. Atacó sin orden, metió a Iniesta tarde y no encontró ni la salvación a través de Messi ni la redención de Villa. Los espacios se habían achicado y la Real nadó y nadó hasta morir en el área de Valdés.
Así que el Barcelona terminó con cara de susto, sorpresa y reproche. Un accidente transformó otro paseo para el debate bipolar en una tarde de caras largas. Perdió a Alexis, perdió dos puntos y perdió en los minutos finales parte de su habitual aura de invulnerabilidad. Seguramente un simple tropezón, quizá un aviso a tiempo. Sea como sea, el fútbol ofrece oportunidades express de revancha y el Barcelona tiene una ideal a la vuelta de la esquina, el próximo martes ante el Milan.



