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Messi es el dique que contiene al Madrid

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Messi es el dique que contiene al Madrid

Messi es el dique que contiene al Madrid

Marcó dos goles, dio otro y decidió un partido igualado. Cristiano y Benzema pusieron al Madrid al borde de la prórroga. Otra vez horroroso final, con Marcelo, Özil y Villa expulsados.

El Madrid se ha vuelto intrépido, ha cogido trapío y mantenido la bravura que entusiasma a Mourinho, pero aún no le da para ganarle al Barça, que cuando coloca a Messi en la balanza sigue pesando más. El argentino es el dique que detiene a un Madrid creciente. Incluso corto de preparación, como ahora. Fue una especie de obstrucción a la justicia que reclamó y mereció el equipo blanco en un análisis global de los de partidos. Pero la Supercopa se quedó en el Camp Nou tras un partido que comenzó soleadoy sin rencores y acabó con el mismo malhumor y reprobable alboroto de la pasada tormenta de clásicos. Marcelo, Özil y Villa perdieron la cabeza en el descuento y acabaron en la calle.

Fue un choque jugado sin aliento. A los 39 segundos Cristiano le había mandado un zapatazo a Valdés, con media docena de jugadores del Madrid apretando en el perímetro de seguridad blaugrana. Guardiola se había entregado a los de Wembley, prueba inequívoca de que tras la niebla de las rotaciones asoma la claridad de los intocables. Pero los intocables no están de punta en blanco. Un error de entrega de Xavi sirvió la primera ocasión del Madrid. Piqué anduvo sin esprint, que es andar a la deriva. Busquets no ofreció grandes soluciones. Pedro sí se defendió bien ante Coentrao, aunque no tuvo el vigor de Alexis, el que corre por seis, pero no dos veces en cuatro días sin salir de agosto.

El toque de Iniesta

El Madrid, como en el Bernabéu, volvió a estar por encima durante mucho tiempo, con gestos de valor, chispa y sin entregarle la pelota al Barça, que por falta de costumbre se maneja mal sin ella. Su toque tiene efecto anestésico, desanima y vacía físicamente a su presa. No lo toleró el Madrid esta vez, aunque se tragase un gol antes del primer cuarto de hora sin explicárselo. Había sido mejor antes y después de ese pase de Messi que dejó a Iniesta cara a cara ante Casillas, incapaz de adivinar el toque sutil del manchego, que no fue Robben. Aun lejos de la plentitud, Messi se acredita como insuperable, como la última barrera que se le resiste al Madrid. De ahí el empeño de Florentino en Neymar, al que ve como posible clon del argentino.

Aquel 1-0 destapó los desajustes de este Madrid hambriento y ofensivo. Sus centrales y Ramos tienen problemas de sintonía para defender las contras con el achique. Coentrao suda sangre como lateral. Con todo, el equipo ofreció la mejor cara posible: Pepe, rápido y listo como una liebre, pero otra vez al borde del acto vandálico en una falta sobre Messi y un codazo sobre Piqué; Cristiano, profundo y rematador; Di María, otra vez con burbujas y desborde; Benzema, con afán de acabar todas las jugadas. No acompañó tanto Özil, que no es jugador de todos los partidos y al que no aprieta Kaká.

El tiroteo

Y el Madrid fue sumando ocasiones hasta subirse al empate, de Cristiano (fin al maleficio del Camp Nou), antes del hermosísimo tiroteo posterior: paradones de Casillas ante Pedro y Messi, con la mano y con el pie; misil al larguero de Cristiano; remate cruzado al que llegaron las yemas de Valdés de Özil. Hasta una nueva aparición de Messi, tras taconazo de Piqué (los lujos están al alcance de todos en este Barça), que congeló de nuevo al equipo de Mou en un momento psicológico, al borde del descanso. El mismo bofetón de hace cuatro días. La misma sensación de que, con casi nada, el Barça le manda a la lona.

Tras el descanso, Mou dio otro paso adelante: Khedira al banquillo, Marcelo a la banda y Coentrao a la sala de máquinas. La maniobra no mejoró al Madrid ni el partido. Si acaso, lo puso a hervir, después de una patada intencionada, innecesaria y alevosa de Marcelo a Messi. Con la cabeza despejó el balón mientras disparaba su pierna derecha a la cadera del argentino. Un gesto reprobable que interrumpió un bello y limpio espectáculo.

Malos modos

El Madrid ya no tuvo el mismo empuje y el Barcelona manoseó un marcador favorable y procuró ahorrar combustible sin ponerse en peligro. Mourinho volvió a apretar, con Higuaín por Di María, cambio que fue más que argentino por argentino. Piernas frescas para ablandar a un Barça desde la superioridad física. Pero las ocasiones fueron blaugranas: Villa cabeceó alto un centro de Messi y el argentino exigió de nuevo a Casillas. Y la respuesta de Benzema, en una volea sin control, y de Sergio Ramos, en cabezazo muy franco que no encontró puerta.

Sin embargo, el clima prebélico lo enredó todo. Y Guardiola fue retrocediendo: Adriano por Villa. Paso en falso, porque en un descuido en un córner dio dos oportunidades a Benzema en el área pequeña. Estoqueó en la segunda antes de que debutase Cesc. Y a tres minutos del final reapareció Messi con la puntería habitual. Al Madrid empieza a parecerle una pesadilla de la que no sabe despertar.