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El Madrid llega lanzado al primer Clásico

Supercopa | Real Madrid - Barcelona

El Madrid llega lanzado al primer Clásico

El Madrid llega lanzado al primer Clásico

Coentrao o Di María, única duda de Mou; Xavi y Piqué jugarán.

Demasiado pronto o demasiado tarde (los hay insaciables). Desde el punto de vista del madridismo militante, el primer Clásico de la temporada (el último podría ser el 19 de mayo, en la final de la Champions, reserven hotel en Múnich) llega en el momento perfecto. La pretemporada madridista ha sido "impecable", citando palabras del propio Guardiola. Recuerden: siete victorias en otros tantos partidos por uno y otro confín. 27 goles a favor y sólo cinco en contra. En resumen, sensación de poderío, de que el uniforme sienta bien. Hasta el bronceado acompaña.

La pretemporada del Barcelona, en cambio, ha resultado dubitativa, impropia: tres victorias, dos empates y dos derrotas. Once goles en contra y sólo ocho a favor. Números de concursal. Es como si el equipo no terminara de sintonizar las nuevas rayas de la camiseta. Hay quien asegura que todo se explica fácilmente, sin dramas, con la ausencia de Messi, incorporado el 9 de agosto y sin minutos en los partidos de aperitivo. Tampoco faltan los que afirman que si el tren ha ido despacio ha sido, simplemente, para que Cesc se montara en marcha. Interpretación ferroviaria y optimista.

Thiago. Lo innegable es que la fabulosa irrupción de Thiago como jugador adulto ha generado cierta confusión en el barcelonismo. Lo que debía ser una noticia feliz planteaba (y plantea) un problema en parte táctico y en parte ético: ¿para qué traer a Cesc entonces, para qué gastar tantos millones? ¿Cómo desear su regreso y celebrar la llegada de esa deslumbrante versión 2.0 de Mazinho? Ya lo adelantó el bolero: ¿Cómo amar a dos mujeres y no estar loco? Pues esto es peor.

Si algo sabemos a pocas horas del primer gran enfrentamiento de la temporada es que el Madrid es más fuerte que antes. La plantilla está tan alicatada que dobla alternativas por puesto, cuando no las triplica. Los jugadores son tan polivalentes que la alineación sería competitiva hasta dándole la vuelta y situando a Casillas de ariete. De modo que si el asunto se resolviera con un sogatira, ganaría el Madrid. O a pechazos. O a largos; también cortando troncos. Y que nadie advierta una crítica en este juicio. El Madrid, como lo fue aquel Chelsea de Mourinho, obliga al rival a librar una primera batalla que tiene que ver con la supervivencia; el primer objetivo no es el balón, sino el oxígeno. Lo observamos en la final de la Copa, no hace falta irse muy lejos. Y luego en la ida de la Champions.

La diferente resolución de ambas batallas nos sitúa ante la incógnita por resolver: comprobado que el Madrid ha crecido en músculo y pulmones (Coentrao tiene cuatro), ¿habrá reducido también distancias futbolísticas? De momento (ya veremos el miércoles) no se espera a Pepe en el centro del campo, lo que debe señalarse como un progreso, pues sugiere que el equipo no jugara en escorzo, crispado.

La entrada del mencionado Coentrao (jugador concentrado, tal y como indica su apellido, al estilo de los lavavajillas) se resolverá a última hora. Di María le pelea la titularidad. Callejón, la otra revelación de la temporada (con permiso del mineralizado Benzema), esperará turno en el banquillo. Ramos seguirá en el lateral derecho, una vez recuperado de sus molestias en la espalda y la única sospecha del once persigue a Khedira, cuya aportación sigue pareciendo mejorable.

El Barcelona, pese al anticiclón, vive en un mundo menos soleado. La prueba es que mientras el Madrid se perdonó la concentración previa, antes innegociable (Mourinho se ablanda), la expedición blaugrana cambió la rutina de la pasada temporada y durmió ayer en Madrid, en el hotel Eurostars, una de las cuatro torres que se levanta sobre la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid. Pronto sabremos si ha sido imprudencia o desafío a los espíritus.

Xavi. Guardiola podrá contar con Xavi y Piqué, que se entrenaron con normalidad ayer, y sólo la participación de Busquets sigue en duda, aunque no se descarta. El título, no está de más recordarlo, se resuelve a ida y vuelta. Lo que significa que el Barcelona, conocedor su teórica inferioridad (física, al menos), podría plantear un partido más relajado, en algún sentido más frío, más calculador, pensando en el miércoles. Por cierto y para los más suspicaces: el césped del Bernabéu, tan alborotado en las últimas visitas del Barça, abandona la media melena y lucirá su corte habitual, a cepillo. Tal vez sea el primer síntoma del cambio.