Las caladas de Oriol Tort y la Olivetti de Jaume Olivé
La cuestión era echar humo, que no estaba mal visto. De Oriol Tort, padre de la cantera del Barça y fallecido en 1999 explican que podía saberse si un niño le llamaba la atención para jugar en el Barça viendo como castigaba a sus pitillos mientras miraba el partido desde la banda de cualquier campo de tierra. Si lo apuraba en cuatro caladas profundas, el chico valía. De Olivé, otro sabio, dicen que podía adivinarse la calidad del aspirante a entrar en la cantera por el ímpertu que le ponía a sus dedos mientras tecleaba la Olivetti con la que escribía los informes.
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Estos dos personajes, junto a otras leyendas que trabajaban casi por amor al arte, pusieron los cimientos de la que hoy en día es reconocida mundialmente como la mejor cantera del mundo. Ellos, antes de que llegara Núñez a la presidencia y tuviera la magnífica idea de habilitar La Masia (hasta entonces sede de las oficinas) como residencia de jugadores, sentaron las bases de lo que tenía que ser un jugador del Barça. Por eso, la nueva residencia de futbolistas que sustituye a la vetusta Masia lleva el nombre de Residència Oriol Tort.
Su olfato era legendario. Fueron los que descubrieron a Xavi, Iniesta, Guardiola y a Puyol entre otros muchos que hicieron que los cigarrillos de Tort y la máquina de escribir de Olivé sacaran humo.



