Rosell no quiere caer en el mismo error que Gaspart
El verano se presenta movidito en cuanto a fichajes y el Barça quiere tomárselo con calma. Ha mandado un mensaje de "aquí no hay dinero" para poder trabajar mejor en las incorporaciones que ha pedido Guardiola. Pero los 45 millones anunciados para fichar podrían ser algunos más...


Rosell tiene memoria. No olvida lo que le pasó al Barça cuando recibió 10.000 millones de pesetas por la venta de Figo al Madrid. Nada más ingresar el talón, Gaspart anunció que esa cantidad se invertiría en el equipo. El resultado: ningún jugador por los que preguntó costaba menos de 3.000 millones. Se pagaron 8.000 por Petit y Overmars, 3.000 por Gerard y 2.500 por Alfonso. Como se comprobó luego, todos se tasaron por encima del precio de mercado.
La ley del fútbol es clara. Si dices que tienes 90 millones, las pretensiones de los vendedores son mucho más altas de las que tendrían si proclamas a los cuatro vientos que dispones de 45 millones. A esos 45 le suma el club lo que ingresaría en ventas.
Aceptarán ofertas por Hleb, Henrique, Keirrison y Botía. Quedan aparte Jeffren, Bojan y Milito, aunque oficialmente no están en venta. Del resto, incluidos Thiago y Keita, el técnico no quiere ni oír hablar de desprenderse de ellos.
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Si los objetivos son cuatro jugadores, de los cuales tres (Cesc, Rossi y Alexis) superan los 30 kilos por cabeza, la cosa se complica. La clave la dio Faus. "Daremos a Pep lo que pida. Si las peticiones superan lo previsto, lo valoraremos en Junta". Esto supone tanto como admitir que los 45 millones es más un mensaje a terceros que una realidad.
Cabe recordar lo que pasó la segunda temporada de Laporta con Rosell como vicepresidente. Se decidió gastar en un año lo que estaba presupuestado para dos. Ese curso, el Barça fichó a Etoo, Deco, Giuly, Belletti, Larsson y Edmilson en un esfuerzo que se explicó diciendo que "lo que nos teníamos que gastar en el próximo curso lo invertimos ahora. La próxima campaña no habrá fichajes". Se ganó la Liga y las únicas caras nuevas después fueron Van Bommel y Ezquerro, que llegaron con la carta de libertad.



