La rima evocadora entre el ruido electoral
Las cabezas visibles de Athletic y Ayuntamiento, decididas a renovar mandato, se dieron la mano ayer en la Campa de los Ingleses en un acto donde destacó el buen gusto de la aportación del escritor de Kirmen Uribe.

La Campa de los Ingleses sirvió ayer de disculpa para que Athletic y Ayuntamiento o, dicho de otro modo, Fernando García Macua e Iñaki Azkuna, las personas que representan a ambas instituciones, descubrieran al alimón una placa evocadora del origen de la práctica del fútbol en Bilbao, dicen las crónicas de la época, allá por la última década del siglo XIX.
Ante un pequeño grupo de gente, en su mayoría jubilados, se reunió una nutrida nómina de directivos del Athletic (Palomar, Zarate, Guzmán, Prieto, Garaizabal, Artetxebarria, Arancibia) y de otro el cuerpo de ediles de la Villa (Oleaga, Ajuria, Areso, Gil, Ruiz, Madrazo, Marcos, Hermosa, Anuzita), así como gentes de la Diputación (Ariztondo, Mujika,...), el presidente de la Federación Vizcaína de Fútbol y el cónsul inglés Derek Doyle.
Entre todos los citados, que durante el breve acto de apenas un cuarto de hora se situaron de espaldas a la ría, destacaba la natural emoción que embargaba a Kirmen Uribe, autor del texto que desde ayer y para siempre interrumpirá por espacio de unos segundos a los paseantes que cubran el tramo comprendido entre la Pasarela Pedro Arrupe y el Guggenheim.
Los versos del escritor ondarrutarra plasman el significado que ese espacio, que fuera cementerio, muelle, campo deportivo, terreno industrial y hoy zona de ocio, tendría en la génesis de lo que hoy es el Athletic Club.
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El texto, titulado 'El Athletic, de campo en campo', dice así: "Aquí es donde jugaban los ingleses/ aquí en una campa junto a la ría/ entonces sólo había césped y un pequeño cementerio/ algunas veces el balón se caía al agua/ y había que ir a buscarlo/ si estaba lejos se le echaban piedritas/ para que se acercara a la orilla/ las piedras creaban ondas, pequeñas olas/ que se hacían cada vez mayores/ y así el Athletic jugó en Lamiako/ y después en Jolaseta y, finalmente, en San Mamés/ una ola, y otra ola, y otra".
Rotas las filas de los próceres y mientras los txistularis municipales entonaban el himno rojiblanco, Uribe accedió a recitar su creación ante la prensa. Prefirió no responder a preguntas o realizar declaración alguna. Lo que tenía que decir allí estaba, y está, grabado en color bronce sobre el asfalto para quien tenga curiosidad, y además los discursos ya los hicieron García Macua y Azkuna, unidos para sus causas. Los dos de campaña, aunque la de uno no haya comenzado oficialmente y las fechas le impidan al otro ser el protagonista estelar de un montaje que tuvo lugar no se sabe a santo de qué. Pero como a Azkuna le pillaba fuera del plazo de las inauguraciones, la voz cantante la llevó el otro y él, por si acaso, remarcó su condición de "invitado". Por cierto y en su línea chirene, aprovechó la presencia de Doyle y ofreció la Basílica de Begoña para la siguiente boda de la familia real inglesa. En fin.



