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Faena de aliño en Londres

Liga de Campeones | Tottenham 0 - Real Madrid 1

Faena de aliño en Londres

Faena de aliño en Londres

El Madrid hizo lo justo y aún así pareció muy superior al Tottenham. Gomes ayudó en el gol de Cristiano. Carvalho vio la amarilla y no jugará la ida de semis

La idea era no arrugarse el traje y el Madrid salió de White Hart Lane sin otra mota de polvo que la amarilla de Carvalho, que no podrá jugar contra el Barça en la ida de las semifinales. Un inconveniente mínimo (algún día tenía que caer) si se compara con la victoria (600.000 euros) y con la sensación de absoluta superioridad, de cabo a rabo, en Madrid y en Londres.

Porque el infierno inglés duró cinco minutos. De modo que más que infierno fue infiernillo. Los ingleses ya no son lo que eran, dicho sea sin faltar. Antes cualquier equipo de las islas garantizaba en su estadio un asedio salvaje, casi conmovedor. El asunto se entiende mejor si hacemos notar que el Tottenham alineó ayer, en su once titular, a tres ingleses y un galés. Apenas un leve aroma británico.

En esos minutos de asalto anotamos dos aproximaciones que tuvieron a Bale como protagonista. En la primera reclamó un penalti falso. En la otra hizo exhibición de sus virtudes: carrera por banda, defensas convertidos en conos y centro malvado desde donde termina el campo. No llegó nadie, pero Terminator no puede hacer más.

El Madrid, sin sofocarse. Antes de ese arreón local, Özil había encarado al portero en posición muy ventajosa, pero golpeó el balón como quien arroja pétalos a la Esperanza de Triana. Dulcemente, quiero decir. Ocurre con los poetas y Özil lo es: de tanto en cuanto se les evapora el seso. Como luego vendrá cargado de metáforas, sólo hay pedir que llegue a tiempo.

Solidarios.

La conclusión más positiva de la primera parte es que el Madrid es un equipo muy sólido en cualquiera de las variantes que propone. Anoche, en previsión de las incursiones de Lennon (muy activo), Arbeloa jugó por detrás de Marcelo y si el dibujo se alteró poco (o nada) es porque jamás se quedó descolgada una línea, todos juntos y solidarios.

Sobre esa base sólo hace falta esperar a que el enemigo pierda fuelle. Y el Tottenham hace aguas con cierta facilidad. Modric, por ejemplo, es una caja llena de espumillón pero sin regalo dentro. Pavlyuchenko, por su parte, quedó retratado con un disparo que debió ser gol (o Casillas) y que mandó al nuboso cielo londinense.

Más allá de su facilidad para manejar el partido, el Madrid también dejó cosas para corregir. Adebayor no hizo un desmarque entre líneas y lejos del área fue Tarzán en Nueva York. Tampoco el Marcelo extremo mejoró al Marcelo lateral y, en general, sobró autocomplacencia.

El gol, ya se sabe, fue un obsequio. Cristiano chutó una de tantas y a Gomes se le doblaron las manos. Pero no fue esa su peor desgracia. Lo peor fue que el efecto del balón todavía le dio una oportunidad para retroceder y atraparlo. Y entonces se le descubrió viejo como un mayordomo viejo.

La voz se corrió. Y las pocas veces que volvió a acercarse el Madrid fue para arrojar cualquier pelota al portero de mantequilla, por si volvía a entonar. No sucedió. El partido se esfumó con demasiado tiempo por delante, casi 20 minutos, con el Tottenham entregado y el Madrid dejando correr los minutos y corriendo poco, pensando ya en el enemigo que viene, en la telenovela con el Barcelona.