El otro Madrid también gana

Liga BBVA | Athletic 0 - Real Madrid 3

El otro Madrid también gana

El otro Madrid también gana

Alineación alternativa de Mourinho y merecida victoria. El Athletic jugó demasiado crispado. Doblete de Kaká en su mejor partido del año

Hubiera costado mucho imaginar lo que estaba por suceder, especialmente cuando se anunciaron las alineaciones correspondientes. Mientras Caparrós apostaba por su equipo de referencia (Muniain incluido), Mourinho presentaba un once que parecía una concesión. Apenas cuatro titulares y Pepe como centrocampista en ataque y tercer central en defensa. Kaká e Higuaín recién recuperados de sus achaques; faltos de minutos, en cualquier caso. En teoría, demasiados favores al Athletic y a su santo estadio. Sobre el papel, una cierta desconsideración hacia el campeonato. Sin embargo, funcionó. Y nos envainamos la motosierra. Porque de aquella combinación salió un equipo bien armado, alto en línea defensiva, correoso en todo el campo ("lassfixiante") y con la única sutileza de Kaká.

También ayudó el Athletic, conste. Su forma de plantear los partidos contra el Real Madrid pretende ser agresiva, pero demasiadas veces resulta crispada. Gurpegui fue el más claro exponente de esa combatividad mal entendida. Vio una justísima amarilla a los siete minutos por patear a Arbeloa y se pasó la primera parte haciendo méritos para que le sacaran la segunda y arder a lo bonzo. El problema, además de las consideraciones éticas y estéticas, es que el Athletic pierde el fútbol por el camino. Y con él su única opción de plantar cara al Madrid.

Hasta Iraizoz dio la impresión de estar contagiado por esa ferocidad descontrolada cuando a los 13 minutos cometió penalti sobre Di María, un atropello clarísimo que sólo le libró de la roja por producirse en un lateral del área. Kaká marcó el penalti con exquisita pulcritud.

De vuelta. Como aquella fue su primera intervención, nos dio por pensar que el papel de Kaká se ha reducido a estrellar la botella de champán contra el casco cuando toca botar un barco. Nos equivocamos de nuevo. Liberado de la batalla metalúrgica del mediocampo, su aparición entre líneas sirvió para agilizar el juego del equipo. Ayer Kaká metió buenos balones a la espalda de los defensas, ofreció una salida inteligente a los centrocampistas y demostró que no hay razones, ni médicas ni de calendario, para ponerle un estanco.

Un par de arrebatos de Muniain y un balón peinado por Toquero fueron la única aportación del Athletic en la primera parte. Los balones colgados a Llorente no tuvieron efecto por primitivos y previsibles. Por no mencionar la vigilancia permanente de Pepe, Albiol y Garay.

El Athletic salió mejor del vestuario, pero le duró siete minutos. Fue entonces cuando el Madrid maduró una combinación que desembocó en Di María. Lo demás lo hemos visto una docena de veces: violento recorte del flaco chicloso y el defensa que le derriba, en este caso Castillo y en esta ocasión con el lomo. Kaká volvió a cortar la cinta.

A esas alturas, Cristiano ya estaba loco por salir al campo. Sus intenciones no eran un secreto: marcar y seguir peleando por el pichichi. Para resumir su determinación y talento basta con apuntarle los minutos: entró en el 61 y marcó en el 69. Gran gol, por cierto.

El Athletic apretó al final e hizo un terrible descubrimiento: jugando al fútbol hubiera sido más fácil.