El Sporting salta la banca
Mal partido del Madrid y asedio final sin suerte. Los de Preciado acertaron en todo. De las Cuevas sentenció el choque después de una gran jugada colectiva

El fútbol es caprichoso como una rubia platino e implacable como el mafioso que la mantiene: no deja una cuenta pendiente. También tiene algo de cupido travieso, de fortuna dislocada y de fábula de Samaniego, incluida moraleja. Todo esto para decir que ayer sucedió lo inesperado: ganó el Sporting. Y su triunfo completa una historia que no da para un libro, pero sí asegura un buen capítulo. Al final, seis meses después de cruzar declaraciones y flechas, Preciado acabó con la racha de imbatibilidad de Mourinho en campo propio, nueve años ya. Sólo el fútbol (rubia, mafiosa, cupido) podía tener una ocurrencia semejante.
Tampoco ayudó el homenaje a Ronaldo, en mi opinión algo tacaño: en EE UU le hubieran hecho descender desde la techumbre convenientemente cableado, pero aquí nos hubiera bastado con escucharle hablar. A lo que íbamos: el fútbol, anárquico en tantas cosas, castiga rigurosamente a quien frivoliza su liturgia. Y ayer el partido no se repuso nunca de la presencia del mito. Salvo el arreón final, el juego fue tan lento que no hubiera desentonado Ronaldo, al que Valdano comparó un día con una manada en estampida y sigue siendo manada, aunque pastando.
Visto con perspectiva, la primera jugada del partido sólo puede entenderse como una pista falsa. Carvalho marcó al primer minuto y el árbitro señaló infracción anterior de Albiol, que centró, según Clos, cuando el balón ya había salido de fondo. Como en esa misma jugada se lesionó Canella en choque con su portero, imaginamos una colosal victoria local y un colosal desastre visitante.
Cerebro. Salimos pronto de dudas, o será más exacto decir que entramos rápidamente en ellas, para después asomar por un lugar diferente. La conclusión es que el Madrid, que ha sabido vivir sin Cristiano (incluso vivir bien), no tiene remedio para las ausencias de Xabi y Marcelo. Granero no cubre la baja del cerebro, y menos aún alineado entre líneas. Sin Xabi, Lass es un escudero sin señor y Khedira un muchacho al que le tocó el cromo afortunado: jugar en el Bernabéu.
Di María hizo cuanto pudo, aunque desordenadamente, y Adebayor fue una garza en una tienda de porcelana. En apenas un mes ha pasado de delantero simpático a ariete impostor.
Noticias relacionadas
El Sporting, entretanto, acertó en todo porque no se equivocó en nada. Buen portero, buenos centrales y buena salida. Lo de Rivera ya es conocido: homo antecessor del tiqui-taca. Sin embargo, lo del joven Cases fue revelación: canchero, jugón, arrabalero. El resultado fueron varias llegadas hasta la definitiva, la mejor jugada del partido: inició De las Cuevas, centró Cases, distrajo Sangoy y marcó el propio De las Cuevas.
Antes del gol, Mourinho ya había hecho esos cambios con los que invoca al Séptimo de Caballería. Primero retiró a Granero por Higuaín, que sin estar fino tuvo una y puso otra. Luego, Pepe y Canales. Nada. O poco. Un asedio bullicioso que servirá para que el madridismo se consuele con las que falló Manolito, sacó Juan Pablo y evitó la Santina. El fútbol, caprichoso, ya se había inventado un ganador: Ronaldo Preciado da Lima.



