La noche del Gran Karim

Liga BBVA | Rea Madrid 2 - Hércules 0

La noche del Gran Karim

La noche del Gran Karim

Dos goles y sombrero para el recuerdo. El Hércules fue un digno rival. Partido apacible antes de la visita del Lyon. Adebayor, sin fortuna

Tres dobletes consecutivos, 16 goles en tres meses. A partir del fichaje de Adebayor, Benzema se ha descorchado. Hay cabezas inescrutables. Donde podría esperarse pesadumbre, Benzema ha encontrado motivación, incluso una cierta alegría picarona. Es lo contrario para Adebayor. Desde que comparten titularidad, su compañero le ha arrebatado la sonrisa y el beneficio del público. El corte de pelo ha sido un intento, desesperado, de recuperar el foco. Inútil. La pareja ha cambiado de nombre. Con ustedes, El Gran Karim y Manolito, el mago y su esforzado ayudante, despedazado unas veces y desaparecido otras.

Si la victoria dejó conforme al madridismo, para el entrenador fue el partido soñado. A saber: triunfo sin lesiones y sin demasiado brillo, no vayan a decir que sin Cristiano se juega mejor (y no vaya a ser cierto). La insidia queda descartada porque ayer se jugó indiscutiblemente peor. El hecho demostró lo que pesa Xabi Alonso en el equipo, mucho.

Para el Hércules, un respeto. Llegó hasta donde daba. Hizo lo que debía y murió por estar fabricado de carne y hueso, de dos fallos que van incluidos en la condición humana. Al margen de esos resbalones, mantuvo a Casillas en posición de firmes y le exigió al menos dos grandes intervenciones: tiros de Kiko Femenía y Thomert.

No es mal balance. Para quienes visitan el Bernabéu el concurso consiste en saber quién aguanta más minutos sin recibir el primer gol y quién resiste más tiempo sin encajar el segundo. Y hasta llegar a esa última frontera el Hércules hizo por jugar, jaleado por dos laterales animosos, dirigido por Farinós y lanzado por el chico Femenía.

Genio. El Madrid sólo empezó a soltarse cuanto Özil entró en contacto con la pelota. Y no es sólo que el alemán esté en un magnífico estado de forma. Me atrevería a ir más allá y afirmar que está enamorado, ya sea de una joven o de las croquetas de jamón, que el amor es libre y caprichoso. Lo digo por sus andares y su media sonrisa, por la sensación de que se lo está pasando bien durante el partido y se lo pasará mejor después.

No es casualidad que el primer gol naciera de un pase suyo. Arbeloa recogió la pelota y, antes de asistir a Benzema, tuvo el principal mérito de levantar la cabeza, gesto poco frecuente en los defensas muy defensas.

No había duda. Era la noche del Gran Karim, otra más. Antes de conseguir el segundo gol, dibujó un sombrero en el cráter del área que habría podido firmar Messi. Se quitó importancia. Al rato controló un balón lateral, atacó, recortó hacia fuera y golpeó con esa pegada, tan suya, de Rocky Marciano.

Llegados a ese punto, Adebayor ya tenía el cuerpo molido de chocar con los centrales y de rodar por el suelo, problema mayor cuando caes desde muy alto. Rozó el gol un par de veces, pero cuando no fue la mala suerte fue el buen Calatayud. El peinado, impecable.

Canales dispuso de once minutos para dejar pepitas que, sean de oro o chocolate, habría que ir recogiendo. Ya no estaba allí el Hércules, ni apenas el Madrid. Hacía algún rato que había pasado el Lyon, el otro equipo de Benzema.