La supuesta renuncia al estilo de Wenger
El técnico fue fiel en el Camp Nou

Iré al grano, sin más. Leo que en Inglaterra destrozan a Wenger por "traicionar a su estilo y a su filosofía" en el Camp Nou. Bien. Habría que saber cuál es ese estilo. Interpreto que por el estilo de Wenger entendemos dos cosas. Primero un fútbol de toque, posesión, un juego combinativo, con futbolistas que mueven la pelota. Un estilo basado en la posesión de balón, insisto. Y, segundo, la alternativa permanente a gente joven. En esto último no hay discusión, tampoco demasiadas opciones con el equipo que ha montado Wenger.
El tema es el primero. Pensemos en la elección de los futbolistas. Fábregas y Wilshere eran inamovibles, correcto. Las variantes podían llegar por otro lado. Por la mañana especuló Sky Inglaterra con una alineación con Eboué en el mediocampo para contener más y con Gibbs por delante de Clichy para salir a la contra. "Vaya, Wenger renuncia a su estilo" debieron pensar algunos. "Claro, está el Barcelona enfrente, cómo va Wenger a plantear un partido para ganar la posesión a un equipo ante el que es imposible ganarla", pensaron todos. Con toda la razón. Eso por la mañana. Por la tarde Wenger anuncia el once. Sin Eboué y sin Gibbs, con Rosicky y Nasri. Con Van Persie arriba, Fabregas detrás, Nasri y Rosicky, Diaby y Wilshere. Con las bajas que tenía, el mismo once que habría sacado en el Emirates ante el Stoke, el West Ham, el Aston Villa o el Blackpool en Premier. "Vaya, Wenger al final mantiene el estilo, no juega en función del rival", pensaron todos.
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Seamos serios. Empieza el partido, el Arsenal adelanta la línea defensiva para que se juegue en poco espacio. Funciona, el Barcelona no tira a puerta en media hora, no crea peligro. Luego el Barcelona aprieta, empieza su exhibición de presión para recuperar la pelota cerca del área y se acaba el partido. No hay más. Lo digo una vez más, este Barcelona es un fenómeno futbolístico sin precedentes. Cualquier partido contra el Barcelona no sirve como referencia de nada.
Pero no quiero hablar del Barcelona. Hablamos de Wenger. Pudo haber metido tres centrales, pudo haber encargado un marcaje individual a Xavi como hizo aquel Almería de Hugo Sánchez. Tal vez dos marcajes individuales, otro a Messi. Hasta tres o más, todos marcando al hombre como el Real Madrid de Boskov en la final del 81 ante el Liverpool. Eso sí que hubiese sido renunciar a su estilo. Lo del martes no. Wenger fue fiel a sus convicciones, a su estilo. No lo impuso en el partido. "Muy fácil, porque no pude", pensará Wenger. Es así de sencillo. Enfrente estaba el Barcelona, no le demos más vueltas.



