Un dulce baile que aplaudiría Chaikovski

El carrusel | La Liga al microscopio

Un dulce baile que aplaudiría Chaikovski

Un dulce baile que aplaudiría Chaikovski

SERRANO ARCE

La Liga sigue igual por la parte de arriba con tres puntos menos por disputarse. El Barça ganó con menos margen del habitual a un Zaragoza muy defensivo, pero el Madrid respondió ayer en Santander con suficiencia. La magia de Özil y la mejoría de Benzema llevaron en volandas a un equipo que no echó de menos a Cristiano.

Cuando uno mismo se fabrica la presión

Pellegrini decidió jugar con suplentes entre semana en el Bernabéu. Cometió el craso error de reconocerlo después y, sobre todo, de tratar de darle un sentido al anteponer el partido ante Osasuna. Quizá la teoría le acompañaba, pero la práctica hizo que a la bochornosa goleada ante el Madrid le siguiera una obligación casi total por conquistar los puntos de ayer. No fue así. Y no lo fue porque el Málaga presentó una ansiedad que en gran medida forjó su técnico diferenciando un partido de otro, un rival de otro, unos puntos de otros. La sensibilidad de un equipo de la zona baja debe medirse al máximo. Pellegrini no lo hizo. Y ahora el único herido, casi de muerte, es el propio Málaga.

El creador de juego es ya una joya preciada

Algún erudito pensó durante los 90 que es más rentable para un equipo contar con jugadores destructivos que constructivos en el centro del campo. Musculosos africanos, férreos italianos y veteranos brasileños empezaron a ser los mediocentros más valorados. Tanto, que aún hoy siguen apareciendo en masa, pese a que la Selección española nos ha educado en lo contrario. El creador de juego es una especie en peligro de extinción. Y cuando aparece se disfruta de él. Quique tiró del mejor que tiene, el portugués Tiago, para frenar al también talentoso Villarreal. Nada de fuerza. Nada de físico. Nada de faltas. Sólo fútbol. Y la apuesta, además de hermosa, le salió bien.

Lo artificial del gol en propia portería

Los defensas deben convivir con la posibilidad de marcar goles en su propia portería. En realidad todos los futbolistas, pues son actores del juego, pero con más opciones aquellos que están cerca del arco que defienden. Ayer le ocurrió en San Mamés al sevillista Fazio en un momento álgido del choque ante el Athletic, cuando el tanto en una u otra portería se presumía fundamental. Y así fue. Al Sevilla ya le ocurrió hace unas semanas en Santander -en aquella ocasión por medio de Rakitic- y esta vez fue el argentino quien desafortunadamente depositó el balón en su portería. Hay goles y goles en propia puerta. El de Fazio fue de los que ridiculizan. En su intento por despejar el balón lo golpeó con el exterior del pie y le salió hacia atrás. Los momentos que acompañan a estas acciones son del todo artificiales. Los que celebran el gol no saben a quién abrazar, es más, lo hacen al que centró mal en la jugada, y el inesperado autor del tanto se ve en el ojo del huracán sin saber cómo reaccionar y teatralizando sus emociones. Así hizo un desbordado Fazio.

Ser capitán argentino es escaso mérito en este Barça

El Barça sorteó sin su brillantez habitual la tupida defensa con la que el Zaragoza se plantó en el Camp Nou. No fue un día para la ostentación, sino un ejercicio práctico en el que por fin destacó Mascherano. El mediocentro argentino está lejos del nivel técnico de este equipo, pero mantuvo a raya a los culés en el trabajo defensivo por su intensidad sin el balón. El Jefecito fundamenta buena parte de sus recuperaciones de pelota en la intuición. Él mismo ha reconocido que su ídolo siempre fue Makelele y desde esa extravagancia se entienden sus cualidades futbolísticas. Maradona le hizo capitán de la selección argentina y de él dijo que en su equipo jugarían "Mascherano y diez más". No es poco mérito, pero insuficiente en este Barça en el que hasta el último obrero pone un lazo al balón.

El Valencia y su nítido concepto de la cesión

Existe un mal juicio de lo que son las cesiones. Muchas veces, la mayoría, los clubes las utilizan para deshacerse de excedente. Son operaciones apresuradas, al borde de los plazos, y que han cobrado protagonismo últimamente por la recesión en la que vivimos. Pero hay entidades que aún trabajan esta fórmula con sentido. El Valencia es una. En recientes años ha visto madurar a varios de sus prometedores canteranos lejos de Paterna. Ocurrió con Silva (Eibar), Albiol (Getafe) o Albelda (Villarreal) y más recientemente con Jordi Alba (Nàstic), Pablo Hernández (Getafe) o Guaita (Recreativo). Estos últimos aportan, ya como titulares en el primer equipo, mucho de lo aprendido fuera. Se vio en Palma. Una cesión provechosa también computa.

De ganar un "reality" a historia del Levante

El ecuatoriano Felipe Caicedo marcó su decimoprimer gol de la temporada con el Levante. Nunca antes un jugador granota había alcanzado esas cotas. Luis García ha localizado en él al delantero con el que salvar a su equipo. La potencia y facilidad para ver puerta que exhibe Felipao son conocidas en Ecuador desde siempre. De hecho, con 15 años fue uno de los seis ganadores de un reality show llamado Camino a la Gloria, emitido por el Canal Uno en 2003. Se impuso entonces a otras 40 promesas y consiguió una beca para entrenarse con Boca. El presentador Andrés Gushmer vaticinó en aquel tiempo lo que ahora masticamos el resto: Caicedo es delantero grande, no sólo de reality. Y seguro que protagoniza más sorpresas. ¿Será "después de la publicidad..."?

El personaje: Özil

El fútbol es convulso hasta que llega a Özil, trabado mientras el alemán no tiene la pelota, inconexo si él no participa. Hay un antes y un después de sus acciones. Cuando Mesut aparece se hace el silencio, como en esos respetuosos espectáculos de ballet en los que el público aguarda expectante un derroche de talento. Sólo la emoción corta entonces el ambiente. Y con el madridista ocurre igual. Özil es la pausa, el genio, el lujo. En Santander se encargó de desgranar un partido que el Madrid zarandeó en el primer tiempo gracias a sus sincronizados y suaves trazos. La capacidad que tiene el alemán para meter en su misma sinfonía al resto de sus compañeros dibujó un primer gol de bandera. Tan generoso como en ese se mostró en el segundo, esta vez con Benzema como destinatario de su racimo de virtudes. Y a punto estuvo de firmar su obra de arte con una perla muy al final. En un deporte cada vez más siderúrgico como este, se agradecen dulces bailes como el suyo en El Sardinero. Un particular Lago de los Cisnes que hubiera aplaudido el mismo Chaikovski.