Ander contra su futuro
El Athletic visita a un Zaragoza sentado en el volcán.

Ander conoce su futuro, pero vive atrapado en el presente. Recae sobre él un foco del que se ha desprendido con habilidad dialéctica: "¿El Athletic? Un partido muy importante para el Zaragoza", dijo con el empate de Gijón aún caliente en la hierba. Sonó a evasiva y a verdad. El drama del Zaragoza, y la necesidad europea del Athletic, rebasan la anécdota de Ander. Su figura ayuda a centrar el partido, pero no lo explica en absoluto.
Seis partidos tiene el equipo de Aguirre en casa para definir la permanencia. Y tres derrotas a sus espaldas el Athletic, peso clasificatorio y moral excesivo como para hacerse el simpático en La Romareda. En el retrato de febrero nadie sale favorecido. Aguirre juega a las rotaciones con los zurdos (hoy vuelve Obradovic) y necesita rellenar la baja de Diogo. Todo lo que no sea Da Silva supondría una ocurrencia. Sin Lafita y sin Braulio, el Zaragoza no puede cambiar mucho arriba. ¿Uche? Aún no. Todo puede esperar. O eso dicen.
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Regresos.
El Valencia, mientras, le arrancó el corazón a San Mamés con un ejercicio quirúrgico de velocidad por afuera, lo que ha puesto en sospecha a Koikili. Pero Castillo se presentó ayer con gripe y provocó el efecto mariposa: se resfría Castillo y estornuda Muniain, que dejaría su sitio a Gabilondo para que el lateral tenga más sostén. En la otra banda Susaeta entraría por David López. A su espalda regresa Iraola: ese doble cañón rearma al Athletic. Toda su teórica inferioridad (física y técnica) deberá voltearla el Zaragoza con un ejercicio de arrojo y conciencia de clase. Cuando no hay otro argumento, el único que queda en pie es la supervivencia.




