Palo doble y un Depor feliz

Liga BBVA | Deportivo 0 - Real Madrid 0

Palo doble y un Depor feliz

Palo doble y un Depor feliz

El Madrid se estrelló dos veces contra la madera. Aranzubía fue el mejor del partido. El Deportivo rentabilizó al máximo sus recursos y sacó un punto.

Dos tiros al palo, un par de fallos indescifrables de Benzema, dominio casi absoluto del juego y quince minutos, los últimos, de asedio constante. Quizá también un penalti. Y que nadie piense que estoy redactando una denuncia; hago una enumeración de los hechos. En resumen, el Madrid puso los ingredientes de la victoria, pero le faltó el gol, ese pequeño detalle. Sin embargo, antes que refugiarse en el infortunio como única explicación del resultado sería de justicia considerar al rival. Para el Deportivo este penoso escenario era el mejor de los posibles, palos incluidos. Su partido perfecto era llegar hasta los minutos finales con el agua al cuello y la pistola en la sien. Que no digan ahora que el Depor no jugó para ganar porque jugó para lo único que podía: sobrevivir.

El empate no es un drama para el Madrid, aunque ahora sea el momento de escenificar la tragedia. El encuentro no castiga la pereza ni la falta de talento; pertenece a una categoría determinada, casi estadística, la de los partidos que vuelan porque sí, como compensación matemática a otros triunfos afortunados que sólo la banca recuerda. Y para el Depor es parecido. Anoche cobró una carambola que se le debía. También corrió como nunca, y en esa combinación de dados y voluntades se explica todo.

Si hacemos memoria, podríamos señalar que el Madrid dejó pasar la primera parte. Pero tampoco se ajustaría totalmente a la verdad. Controló, se perdió un gol de Cristiano por fuera de juego y varios disparos silbaron junto a los oídos de Aranzubía. No permitía mucho más la presión del Deportivo.

Gran esfuerzo local, pero incierto. La duda que plantean los equipos que arañan es cuánto tiempo les durarán las uñas. El Madrid, por su parte, parecía ensayar la variante que le proporciona Kaká sobre el campo: más combinación, más paredes en las que apoyarse. Y un inciso: Kaká no parece haber sido víctima de una prolongada lesión, sino de un peculiar caso de amnesia. El objetivo no es tanto que recupere la forma física como que recuerde. Y va recordando, algo.

Lo lógico, de regreso del descanso, era pensar que el Madrid ganaría a los puntos, por pura decantación, otra vez la estadística. Sin embargo, el Deportivo todavía tenía garras. Si en lugar de Sand, hubiera contado con un punta más ágil es seguro que Casillas no habría terminado con las manos limpias.

El caso es que no es lo mismo sumar minutos que descontarlos y Mourinho perdió la paciencia: Di María por Kaká y Adebayor por Lass. Más empuje, escasa elaboración, toque de corneta. Otro esquema. Casi media hora por delante.

Acoso. El último cuarto de hora fue un bombardeo de balones, un atacar constante. Primero Aranzubía repelió un durísimo lanzamiento de Cristiano; acto seguido Adebayor remató al palo y sin tiempo para tomar aliento Cristiano, otra vez, rebasó a media defensa por velocidad y disparó al palo, al mismo. El posible penalti es confuso porque Morel tenía el brazo junto al cuerpo, quién sabe si pudo apartarlo. Pero insisto. Esa jugada y el empate final vienen de lejos, de un partido que no somos capaces de recordar, de otro día, de un golpe de suerte que anoche ajustó cuentas.