El Madrid se siente inmortal

Liga BBVA | Espanyol 0 - Real Madrid 1

El Madrid se siente inmortal

El Madrid se siente inmortal

Se metió en la Liga tras ganar un partido de rompe y rasga. Jugó 88' con diez por la expulsión de Casillas. Marcelo, figura y goleador. Fabuloso Callejón.

El Madrid siempre vuelve. También esta vez, enganchado a lo mejor de su tradición, tras un partido tremendo en el que resultó heroico todo cuanto ofreció. Empapando la camiseta hasta sacarle brillo, invitando a la afición a colgarse del clavo ardiendo, doblegando al mejor Espanyol en una década. Y con diez jugadores durante 88 minutos, muchos de los cuales valieron por dos (Marcelo, Cristiano, Xabi y Pepe), disparó 20 veces.

Florentino llegó a dos minutos del descanso y con una Copa de menos. Una desdicha después de otra. Porque se tragó el sapo del baloncesto y se perdió una primera mitad de rompe y rasga, con un Madrid irreductible, todo nervio y corazón, como dice su himno. Lo que ha visto y lo que le han contado a Guardiola, que no ve muerto a su enemigo ni después de la autopsia.

El partido amaneció con el sobresalto de Casillas. Fue la roja más rápida que ha visto el Madrid en casi ochenta años de Liga. Baena atravesó dos líneas con su pase profundo, Callejón cogió con el pie cambiado a Pepe y Casillas tocó al delantero perico antes de que entrara en el área. No le salvó ni la relajadísima interpretación de la ley a la que acostumbra Mateu Lahoz.

Mou retiró a Di María, volcó a la derecha a Özil y dibujó dos líneas de cuatro, con Adebayor, cruce de gacela y jirafa, en la proa. Y el partido fue una hermosa locura, con un Madrid valiente y agrandado en su desgracia que acabó convirtiendo a Kameni en la figura del partido.

Khedira rompió a recuperador con amplitud de miras. Xabi Alonso estuvo por encima de Javi Márquez y Baena, una pareja que alegrará mucho a Cornellà. Pepe es casi lo que dice Mourinho cuando aprieta para que le renueven. Cristiano resultó siempre una buena respuesta en el contragolpe y se ofreció incluso como dique cuando el Espanyol se arrimó de verdad. Divo y antidivo en un mismo partido. Y Marcelo fue a ratos Di Stéfano, Puskas y Gento. Defensor, creador y goleador, todo a la velocidad de la luz. Mandó un trallazo al palo, exigió mucho a Kameni y acabó marcando el gol que decidió el partido. Está a un minuto de Roberto Carlos.

La intensidad.

Con ellos y el acompañamiento del resto, Özil excluido (el partido sonó siempre en 'allegro' y eso no le va), que más que un pilar pareció un mal transplante en tan brava contienda, el Madrid fue zampándose al Espanyol desde la intensidad y el rigor. Tiene mérito, porque la confluencia en el mismo tiempo y en el mismo lugar de Pochettino, Cornellà y el buen cultivo de la cantera han endurecido mucho a los pericos, ahora un equipo siempre con ganas de pelea, nunca en retirada, orgulloso de sacarle el máximo partido a esa política de 'low cost'. Y con Callejón, excedente de cupo del Madrid pero fabuloso futbolista, agigantado.

Pero es que antes del descanso el Madrid fue una fiera. Examinaron a Kameni, Khedira, Adebayor y dos veces Marcelo, que acabó tumbando al camerunés por su palo. Estos goles siempre dejan mal al portero y el de ayer no fue excepción. También se tragó un penalti a Khedira Mateu Lahoz. Después compensó al señalar un fuera de juego inexistente de Callejón cuando encaraba a Adán, que comenzó nervioso y acabó crecido.

Del descanso volvió un Madrid más económico y más cansado. Hubiese admitido bombonas de oxígeno en algunos momentos. Sobre todo cuando Callejón se echó al Espanyol a los lomos y rondó el gol en tres ocasiones. Pero también tuvo respuesta. El acelerador de Cristiano no estuvo al alcance de la duodécima defensa de Pochettino en 23 partidos y Adebayor se enredó en dos mano a mano ante Kameni. En lo que corrió antes estuvo el perdón y la penitencia. Hay Liga. La sufrirán, pero no se la pierdan.