El reportaje | Agustín Abadía

Un emblema conocido por su calvicie y bigote

J.A.Ezquerro
Diario AS
Actualizado a

En un equipo por el que pasaron Sarabia, Setién, Ruggeri, Salenko o Polster, seguramente el jugador más querido por el público del Club Deportivo Logroñés y el más identificable para los seguidores de la Liga de los ochenta y noventa sea Agustín Abadía. El Tato (o El Abuelo, como también le apodaron) nació en Binéfar el 15 de abril de 1962. Inconfundible por su aire desgarbado, calvicie y poblado bigote, como centrocampista se ganó a Las Gaunas por su honestidad y capacidad de sacrificio. Con el Logroñés ascendió a Primera en la temporada 86-87. En la 89-90, Clemente le fichó para el Atlético, pero, tras cuajar una discreta campaña, volvió al conjunto blanquirrojo.

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El 14 de marzo de 1993 vivió su mejor momento como futbolista. Ese día, en el Bernabéu, marcó los dos goles que sirvieron a los riojanos para empatar ante el Madrid de La Quinta del Buitre. France Football le incluyó en su once ideal del fin de semana europeo. Después de un exitoso paso por el Compostela, Abadía cerró su ciclo en Logroño con el descenso a Segunda en la 96-97. Le llamaron en el mercado de invierno como última esperanza de salvación, cuando estaba en 2ª B con el Binéfar.

Ahora, tras haber dirigido a sus dos equipos, Binéfar y Club Deportivo Logroñés, ha tomado las riendas de la Sociedad Deportiva Logroñés para intentar subir a 2ª B. Gran conocedor de las categorías más humildes, fue seleccionador alevín en la Federación Riojana, y técnico en el Girona y el Calahorra.

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