Brindis por la mediocridad
Sevilla y Málaga firman un empate a cero mediocre y poco útil. Lesión de Asenjo. Decepcionante debut local de Rakitic. Weligton tuvo el 0-1 en el 94'


Nada como un 0-0 para simbolizar la mediocridad. Sevilla y Málaga lo podrán disfrazar como quieran, seguramente con un elogio a sus defensas, que habían sido un desastre hasta ahora y que ayer se marcharon sin heridas de Nervión. Pero no. Sevilla y Málaga están muy por debajo de lo que se espera. Abrazan la mediocridad. Manzano, en su enésimo volantazo, se inventó ayer otro plan y limpió del equipo titular a Kanouté y Negredo, sus delanteros titulares en el Bernabéu. El resultado fue un estreno decepcionante como local de Rakitic y un equipo con un único recurso: el pelotazo a Luis Fabiano. Ya hay pitos para Manzano. Pellegrini, mientras, le dio una vuelta a su defensa y se entregó a Demichelis, el fichaje con más sentido que ha hecho el Málaga en el mercado de invierno. El argentino hizo su trabajo, ayudó a Weligton cuando Luis Fabiano apretó a su compatriota y lideró la conquista de un punto que en otras circunstancias sería un tesoro. Ahora lo es menos.
El partido resultó un chasco porque estaba lleno de alicientes. Y todos, uno detrás de otro, se fueron cayendo. Con Duda lesionado, Nervión miraba con curiosidad los regresos de Baptista y Maresca. El primero, que todavía conserva alguna de las virtudes que le convirtieron en crack, estuvo voluntarioso pero sin magia. Maresca, ovacionado por los espectaculares servicios que prestó en Sevilla, ya está lejos de sus mejores días.
También estaba el estreno de Rakitic, al que Manzano colocó de enganche. Resulta sorprendente que cuatro días después de jugar en Madrid con el equipo presuntamente de gala, el jiennense cambiase su frente de ataque al completo. Da la sensación de que Manzano quiere dejar a todo el mundo contento y que por repartir minutos lo que ha conseguido es que el Sevilla no sea reconocible, ni tenga once tipo. Ni sello. Y ahí se ve, lejísimos del objetivo.
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Se intuyó que no sería un partido feliz desde el minuto seis, cuando a Asenjo se le quedó enganchada la rodilla derecha. Otra vez el portero retorciéndose de dolor, delante de sus peores fantasmas. Por Asenjo salió Arnau, el portero más fiable del Málaga después de fichar dos más (Galatto, Rubén). Cumplió. Estuvo sobrio y aguantó bien a Luis Fabiano en la oportunidad más clara del Sevilla en la primera parte. Baptista tuvo la del Málaga y Fernando Navarro puso una pierna salvadora.
Manzano dio marcha atrás e introdujo a Kanouté en la segunda parte. Y retrasó a Rakitic, que estuvo igual de intrascendente con el campo de batalla de frente. El Sevilla empujó media hora. Alexis tiró a la basura la oportunidad del partido y Maresca puso las manos en un centro de Perotti. Muñiz pudo pitar penalti. Pero el Sevilla no consiguió el gol y luego se atropelló. Pellegrini movió mejor el banquillo pero el Málaga, preso de sus miedos, no se creyó que podía ganar. Weligton tuvo el 0-1 en el 94' en un cabezazo que hubiese hecho vibrar Málaga. Palop, extraordinario, evitó que la bronca que se llevó el Sevilla al final se convirtiese en escándalo. Pero así está el Sevilla, tristón y mustio. Y así está el Málaga, asustado. Imposible contemplar más mediocridad.



