Quique: peores números que sus predecesores

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Quique: peores números que sus predecesores

Quique: peores números que sus predecesores

El equipo colchonero no reacciona y los gestores apuntan ya al técnico. Los números les dan la razón. Quique tiene los peores entre todos los entrenadores que hayan dirigido 50 partidos al equipo. Los dos títulos ganados la pasada temporada parecen pesar ya mucho menos...

Dirigido su partido 50 en la Liga al Atlético, Quique tiene los peores números de cualquier entrenador del club colchonero que llegara a dirigir medio centenar de partidos. El técnico madrileño alcanzó esta cifra frente al Sporting y los números le colocan al borde del precipicio. Es el único entrenador de la historia del Atlético con cincuenta partidos que acumula mayor número de derrotas (22), que victorias (21).

Frente al Athletic el técnico pasará una reválida. Él mismo reconoció en El Molinón ("sé que voy a estar en la diana") que su situación es comprometida. De poco parecen servir ya los dos títulos conseguidos después de catorce años de sequía, ni siquiera sirve como excusa que la plantilla actual sea visiblemente inferior a la que comenzó la temporada, lo cierto es que la cuerda se rompe siempre por el lado más débil y por el Calderón ya se piensa en un relevo. Con Villarreal y Valencia pletóricos, la Champions es una utopía. El técnico tiene contrato hasta final de temporada pero podría salir mucho antes. Quique ha cometido errores, sin ir más lejos el domingo en Gijón, pero cierto es que se encuentra en una encrucijada a la que también le han llevado las lesiones de jugadores capitales, la desidia de algunos futbolistas y la nefasta gestión de la dirección deportiva, que le tiene en este momento intentando encajar a un jugador, Elías, que no era el refuerzo que se necesitaba.

Al margen de la situación actual, los números no engañan y Quique presenta los peores registros en la historia del club. Pero para el Atlético no será económicamente fácil sustituirle, por eso el discurso oficial será de plena confianza hasta, por lo menos, tener claro el relevo.