Real Madrid | La intrahistoria

Mourinho y Benzema: juntos pero no revueltos

Durante diez minutos en el parking del Calderón ni se miraron.

Mourinho y Benzema: juntos pero no revueltos
J.L.Guerrero
Diario AS
Actualizado a

Esta fotografía tomada el jueves en el interior del párking del Vicente Calderón tras el derbi es un documento definitivo. Refleja lo que fue una secuencia de varios minutos, diez, de un entrenador, Mourinho (todavía en traje), y un jugador, Benzema (en chándal), esperando a que el autobús les recogiese. El considerado por la FIFA como el mejor entrenador del mundo y uno de los fichajes sonados de la segunda etapa de Florentino (35 millones costó Karim) se encontraban en las entrañas del estadio aguardando, como hacen muchos equipos de fútbol modesto todos los domingos, a que el resto de sus compañeros saliesen de la ducha después de haber sellado el pase a semifinales de la Copa del Rey.

La rutina del fútbol no entiende de nóminas millonarias ni de privilegios cuando se está en el tumulto del párking esperando salir de la guarida del enemigo deportivo. Una imagen muy futbolera, muy terrenal, muy de vestuario. Mourinho estaba acompañado de su mano derecha, Rui Faria. Ambos estuvieron un rato hablando sobre lo sucedido ante el Atlético y centrando su atención en el teléfono móvil del míster. Por allí pululaba Benzema. Apenas sonreía (lógico si valoramos que ni siquiera calentó en la banda ante el Atleti), pero tampoco se le veía enfadado. Más bien resignado. O indiferente. Ya sabemos que el francés no tiene "la sangre caliente", que diría Mou.

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Esquivo.

La postura corporal del gato francés decía mucho: siempre de espaldas a Mourinho y también jugueteando con su móvil de última generación. Poco después aparecieron otros futbolistas que se quedaron en la grada, como Pedro León y Pacheco. Pero la imagen era la misma. Espalda contra espalda. Una situación que reflejaba el distanciamiento entre ambos. El portugués no le ve de nueve, pero le tiene a un palmo y el francés no se quiere dejar ver. No se encuentran. No se miran. Por fin llega el autobús y cada uno se marchó pensando en lo suyo. El técnico, fantaseando con la llegada de otro punta, y Benzema preguntándose por qué no jugó...

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