Internacional | La Copa de Asia

La Qatar multirracial se topó con su impotencia

Julio Maldonado
Importado de Hercules
Actualizado a

Sebastián Soria nació en Uruguay, en Paysandú para ser más exactos. Delantero, desde hace años su pequeña melena es una de las señas de identidad de la selección qatarí. Lawrence Quayie nació en Ghana. Mediocentro puro, su hermano fue subcampeón del mundo Sub-17. Él juega con Qatar, igual que el zurdo brasileño Fabio Montesin, otro clásico. Una selección multirracial, una multinacional futbolística que ha sido muy criticada por ello. Recuerdo bien la etapa de Fossatti, técnico uruguayo con el que Qatar eliminó al campeón de Asia, Irak, y al gigante, China, en el camino a Sudáfrica. Que un país con poco más de doscientos cincuenta mil habitantes de población autóctona deje sin Mundial del más universal de los deportes a uno de más de mil trescientos millones deja claro el poder del fútbol. Pues pasó. Fossati diría después que el futbolista qatarí debía tener confianza en sí mismo. Luego llegaría Metsu y Qatar también quedaría fuera de Sudáfrica, como sus víctimas Irak y China. Ahora sueña con este título en casa. 23 años hacía que no ganaba un partido en la Copa de Asia, y de momento tendrán que seguir esperando. Fue más Uzbekistán (0-2), con el zurdo Kashanov, Geynrikh y Shatskikh arriba. Sufrió Qatar con su defensa adelantada, los errores de Qashem Burhan y el regalo final a Djeparov. Fue la sentencia definitiva para los qataríes en un partido bastante flojo, con muy poquitos detalles positivos. Y casi no apareció Hussain Yasser. Poco, la verdad. Ganar esta Copa de Asia parece un sueño imposible. Lo mejor del partido, el golazo de Akhmedov, un gol que valió para la victoria de Uzbekistán ante el anfitrión, Qatar.

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