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Di María gobierna el vértigo

liga bbva | getafe 2 - real madrid 3

Di María gobierna el vértigo

Di María gobierna el vértigo

El argentino provocó un penalti, dio una sistencia y estuvo siempre en las mejores acciones de su equipo. Otro doblete de Cristiano. El Getafe, siempre a remolque, peleó hasta el pitido final.

El Getafe retó al Real Madrid. El partido no parecía fácil y no lo fue. Sí fue divertido porque el Real Madrid hace sus partidos divertidos por una suma aritmética de sus virtudes y sus defectos. Y porque el Getafe fue valiente y buscó el triunfo con fútbol. No quiso ganar por agallas sino que tuvo las agallas para tratar de imponer su estilo, que le tiene convertido en uno de los equipos más peligrosos en el último tramo del campeonato. Así que hubo partido de vértigo, vertical y abierto, con alternativas y carrusel de sensaciones; Goles, discusión arbitral, genialidades y fallos. El Real Madrid se impuso en ese ecosistema y se impuso a la extrañeza del arranque de año, del cambio de traje (pareja de centrales Albiol-Ramos) y de la ubicación del partido (lunes, noche cerrada). Tres puntos, salida difícil resuelta y el Barcelona otra vez a tiro de un partido.

Del Real Madrid, como en tantos partidos, se puede hablar bien o mal. O muy bien y mal. Se puede alabar su pegada y su saludable juego al galope con presión, movimiento sin balón y juego eléctrico, saltando líneas y economizando pases, todos puñales a la espalda de la defensa rival. Esa guerra relámpago que acaba con rivales corriendo hacia atrás despavoridos y oleadas dibujadas por Cristiano, Di María, Özil y un Benzema que maquilló con algunos buenos movimientos de desmarque y creación de espacios para la segunda línea de llegada un partido flojo en lo que más se ve (y más cuenta): regate, toque, remate.

De los otros, en realidad los que reventaron el partido, se pueden trazar líneas que no les son desconocidas. Özil dosificó de forma rácana su talento pero dejó un gol de pura clase con recorte de seda ante Codina. Cristiano sumó dos goles y volvió a maquillar a base de pegada nuclear los achaques que le afean: desconexiones en la presión, peleas contra el mundo y obsesión no siempre saludable con el gol: faltas tiradas a puerta desde 40 metros, colisiones contra una muralla de rivales mientras compañeros desmarcados agitan los brazos o bajan la cabeza, según personalidades y momentos. Luego marca y todo parece menos porque suma 19 goles en 17 partidos de Liga y porque abrió el triunfo al transformar un penalti a Di María y lo selló con un remate raso ante un Codina que falló en el despeje y propició la caída definitiva (minuto 57) de un Getafe hasta entonces vivo, valiente y por momentos voraz. Y queda Di María, el hombre (otra vez) del partido.

Del resto, queda un mal partido de Xabi y Lass (sustituido por Khedira en el descanso), que no se impusieron en la media. Y queda un buen arranque del Madrid a golpe de corneta. Castigando las alegrías del Getafe con ataques fulminantes y llegadas musculosas y vertiginosas que son el hábitat de Di María. El argentino jugó otra vez con velocidad, sentido y categoría. Provocó un penalti por ligero agarrón (minutos después de otro posible pero no pitado de Cata a Cristiano ) y mandó dos bombas inteligentes para encontrar a Özil a la espalda de todo el Getafe. En la primera el alemán marcó, la segunda murió por un mal señalado fuera de juego. Di María puso sentido, desborde, intensidad y una delicadeza en el toque que le define como un jugador letal y sutil en plena revolución: una bendición para este Real Madrid.

Un buen inicio y un amago de goleada tras el tercer gol, con el Getafe partido y en una ensalada de contras que acababan en remates sutiles (Özil), choques con el palo (Benzema) y hasta llegadas en régimen de tres contra uno (Di María). Una goleada que se fue al limbo quizá porque era un castigo excesivo a las buenas intenciones y los buenos minutos del Getafe, que vivió y murió con su estilo y eso nunca es una mala noticia. Entre otras cosas porque sólo cuatro jornadas de Liga te enfrentan a Real Madrid y Barcelona. Porque el Getafe mereció mejor suerte en el tramo comprendido entre el golazo de Parejo, filtrándose entre rivales y rematando al ángulo, y el tercer gol del Real Madrid. El equipo de Míchel se rehizo después de parecer noqueado con el 0-2. Tocó y, aunque rondó más que llegó, fue mejor que el Real Madrid en el centro del campo y exprimió sus argumentos. Mantuvo el partido abierto y demostró que el Madrid se vuelve vulgar cuando siente que el trabajo está hecho y que basta con esperar a la próxima contra, a la penúltima emboscada. hecho que puede ser cierto pero que desde luego no le sienta bien.

El partido se reabrió cuando parecía ventilado. Arbeloa fue expulsado y por su banda llegó un centro que Marcelo no despejó y Albín remachó. El Real Madrid se volvió a destapar de puro acomodado y Mourinho reforzó el blindaje con Garay, por si las moscas. Antes de todo eso volvió Kaká para el cuarto de hora prometido, la cara de una moneda en cuya cruz está Higuaín. Apenas dejó un remate en el descuento y, eso sí, su presencia en el campo con la camiseta blanca, bálsamo de Fierabrás para aquellos que todavía creen en él. Mourinho, conviene aclararlo, parece estar entre ellos.

El partido acabó estirado como un chicle en un final inesperadamente intenso. El Real Madrid pudo golear, sufrió, volvió a poder golear y volvió a sufrir. Por las cosas del fútbol, por sus cosas y por las del Getafe, que no rindió la plaza hasta el pitido final. Y así, en un tobogán de sensaciones, errores arbitrales, virtudes, defectos, goles de Cristiano y destellos de Di María, el Real Madrid ganó otro partido y sigue en la su infinita carrera de fondo con el Barcelona. Así tiene que ser la caza. Pieza a pieza, partido a partido.