La fe de Castro derriba el muro
Aythami adelantó al Deportivo y el punta asturiano igualó en el 89'. El empate no colma a ninguno en su lucha por la salvación. Preciado sigue al frente


Manuel Preciado se jugaba el tipo en Riazor y hasta el minuto 89 su futuro estuvo al borde del precipicio. El tempranero gol de Aythami parecía condenar al técnico del Sporting, pero la constancia de sus jugadores, nacida del espíritu que él les impregna, tuvo su premio cuando el partido ya moría. La jugada llegó por la banda derecha, por la que Lora penetró a placer tras un embiste fallido de un Rindaroy que empañó así su buena tarde. El lateral centró y Diego Castro empujó casi sobre la línea de meta para que la Mareona, que arrastró a 4.000 incondicionales a A Coruña, estallase de alegría. Normal, por la importancia y porque el Depor encajaba un gol en su estadio después de 520 minutos de eficacia de su muro de cinco.
En la puesta en escena, Lotina sorprendió con un once revolucionario. Se esperaba a Guardado y a Rindaroy, pero nadie contaba con Valerón y Juan Domínguez, dos jugadores que no habían sido titulares en Liga esta temporada. La intención era combinar su férrea defensa con el trato del balón, escapando del fútbol directo. Y le salió bien, porque el Deportivo se hizo dueño y señor del partido desde el arranque.
La Mareona se rendía a la salida en tromba de los coruñeses, que sólo tardaron 12 minutos en ponerse por delante. Un remate fallido de Rubén Pérez le cayó a Colotto en el segundo palo, su reino particular. Esta vez no tocaba la cabeza, sino el pie. El central argentino sentó a Gregory, remató con la izquierda flojo y Juan Pablo falló de forma estrepitosa dejando el balón muerto al borde del área pequeña. Allí apareció Aythami para machacar y poner otra piedra más en el mito de una defensa de cinco que parece no tener techo.
El Sporting, con ocho partidos sin ganar a sus espaldas, acusó el golpe. Adrián tuvo el segundo en el minuto 20 tras un buen pase de Valerón, pero su toque sutil se fue lamiendo el palo. Tres minutos después Guardado probó a Juan Carlos con un zurdazo, y esta vez el meta sí respondió. Sólo dos minutos después el Flaco tiró de magia para colar con su tiralíneas un balón que dejó solo a Adrián. El ex del Oviedo tuvo de nuevo su particular derbi en los pies, pero remató mal y Juan Pablo volvió a evitar el segundo tanto del Depor.
La pájara sportinguista comenzó a disiparse a la media hora, coincidiendo con la lesión de Guardado. La baja del mexicano desorientó al Depor. Lotina sacó un mediocentro de trabajo como Juan Rodríguez y el equipo comenzó a desordenarse desde la izquierda. Guardado y Rindaroy habían vuelto loca a la banda diestra asturiana, pero con la lesión del azteca, el lateral noruego también desapareció.
Los de Preciado se estiraron, y poco a poco Aranzubía empezó a ganarse el sueldo. Eguren probó desde lejos, Barral pidió un penalti de Rubén Pérez y Nacho Novo cabeceó con veneno desde la frontal un centro de José Ángel. Todo, adornado con mil y una faltas laterales y córners, pero un día más se demostró que la estrategia no es el fuerte del Sporting.
Acoso y derribo.
La segunda parte siguió el mismo guion, con un Sporting insistente que chocaba con la defensa coruñesa por su obcecación de penetrar por el centro cuando el peligro real lo generaban José Ángel y Lora por sus bandas. El plan del Depor fue encomendarse a las contras, pero la falta de velocidad de los jugadores elegidos por Lotina con sus cambios fue un freno que evitó más sustos de importancia a Juan Pablo.
Cuando el plan de subsistencia apuntaba al éxito, el error de Rindaroy y la fe de Diego Castro firmaron el reparto. El puntito salva a Preciado, pero el Sporting sigue penúltimo y acumula nueve partidos sin ganar. Queda trabajo, y mucho, para 2011. De igual forma, el Depor no se puede descuidar en el arranque de año ante el terrible calendario que le espera. Visitará San Mamés, recibirá al Barça y viajará a Mestalla. Pero eso ya llegará. Por lo de pronto, hay que felicitarse del ambiente que vivió Riazor, una fiesta de color en las gradas que señala al auténtico crack del partido: las dos aficiones.
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