El club acusa al árbitro y el Balaguer, al resultado
El parte de guerra originado en el Balaguer-Espanyol B, con hasta cinco pericos hospitalizados, derivó ayer en otra batalla, esta dialéctica, entre clubes. Entre tanto, Sielva tuvo que ir de urgencia al cardiólogo y Joselu pasó otra noche en observación. El partido del domingo se ha aplazado.


El rostro de Dinu Moldovan, ayer por la mañana en la Ciudad Deportiva, era un poema. Trazos de la jornada después al accidentado partido de Balaguer. Ataviado con unos tejanos que ocultaban su poderosa lesión, el guardameta centró todo el interés mediático en el día después de "una guerra", como él mismo lo había calificado nada más recibir el alta. Pero sólo fue la punta del iceberg de un Balaguer-Espanyol B (3-1) que acabó con cinco futbolistas pericos hospitalizados y que deparó ayer otra guerra, la de declaraciones y acusaciones. El Espanyol señala a la permisividad del árbitro ante la extrema dureza del oponente. Los ilerdenses, en cambio, achacan toda la fuerza mediática de la noticia al resultado. Y eso que fueron hasta cinco las bajas por diversos motivos y que el Terrassa, que debía enfrentarse al filial este domingo, ha accedido a que se suspenda el partido por falta de efectivos pericos.
Dinu, con seis puntos de sutura por una rotura de prepucio, estuvo en Sant Adrià solamente de visita. Le acompañaron Óscar Sielva -con un cuadro de contusión abdominal y lipotimia- Éric López -con una contusión en la cadera-. Los tres abandonaron el Hospital Quirón el miércoles, de madrugada. Lo mismo que Manu Molina, quien no pudo acercarse a la Ciudad Deportiva debido a que la desviación del tabique nasal le impidió dormir en toda la noche; ayer, Dinu le llevó personalmente a casa unos medicamentos. Sin embargo, Joselu continuaba anoche en observación, en la Quirón, reposando tras el traumatismo craneal sufrido en el Municipal de Balaguer. Y el citado Sielva, pese al alta, también tuvo que acudir durante el día al cardiólogo para realizar una prueba de esfuerzo, pues persistían sus molestias y mareos; por suerte, todo salió bien.
No existen resquicios en la versión del Espanyol. En Balaguer vieron el partido Ramon Planes, director deportivo; Ferran Manresa, coordinador de la cantera; Josep Maria Borrell, consejero; y Antonio Morales, responsable del fútbol base. Este último se erigió en portavoz de una denuncia, de un sentimiento, que enfocó hacia Ángel Casas, colegiado del encuentro, y por ende hacia el colectivo arbitral de Tercera.
"El Balaguer hizo su partido y no le reprochamos nada, pero sí exigimos protección para el fútbol formativo, porque se le permitió todo. Si el árbitro hubiera advertido a varios jugadores, con dos amarillas bien sacadas a tiempo, lo que pasó se habría frenado. En cambio, sí las enseñó a dos jugadores nuestros por protestar", afirmó. "Había una autoridad que debió poner más orden del que puso", abundó. Es por ello que el directivo tiene previsto reunirse en próximas fechas con Jordi Casals, presidente de la Federació Catalana, en pos del "fútbol de expansión hacia el primer equipo".
Los tres puntos.
Para Morales, "hubiera sido muy fácil llevar a siete jugadores mayores de 25 años y dar de lado a la proyección, pero no es nuestro estilo. Teníamos a tres juveniles y a cuatro o cinco del filial de primer año", apuntó. Aseguró el directivo que en 30 años dedicados al fútbol jamás había visto cómo cinco jugadores acababan en el hospital. Y remató: "Dentro de una semana, nadie se va a acordar de este partido, pero lo cierto es que esos tres puntos estarán en el casillero del Balaguer".
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Ese triunfo es precisamente el motivo que aduce el club ilerdense para lo que califican como "persecución" a pesar de que cinco futbolistas fueron hospitalizados. Tanto el entrenador del Balaguer, Lluís Elcacho, como su presidente, Josep Burgués (ver entrevista adjunta), insistieron en que "de haberse dado una victoria del Espanyol B, todo esto no habría sucedido". Lo mismo se apuntó en un comunicado oficial de la entidad, donde se hace referencia además a su carácter "modélico". Añaden que la repercusión mediática "da pie a incentivar la violencia" (y eso que testigos presenciales aseguraron haber escuchado en la grada de Balaguer cánticos como "perico que canta, tiro en la garganta"). Sin embargo, Morales calmó los ánimos: "Hay que recibirlos bien en Sant Adrià, porque representan a una gran ciudad como Balaguer".
Otra de las personas con las que AS se puso en contacto fue Javi Martínez, fisioterapeuta del Balaguer, quien se esforzó en desdramatizar las lesiones de jugadores pericos: "Yo vi la dolencia del portero (Dinu) y no era para tanto, un corte del que salía mucha sangre por ser la zona que es. Otro jugador (Joselu) presentaba arañazos en la cara porque se rozó con el césped artificial; y su traumatismo se debe a un choque cabeza con cabeza con un jugador nuestro. Lo de Molina fue un manotazo involuntario y las contusiones (Sielva y Éric) son habitual en cualquier partido". "Nos sentimos vejados", sentenció.



