Carnicería en Balaguer: cinco pericos al hospital

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Carnicería en Balaguer: cinco pericos al hospital

Carnicería en Balaguer: cinco pericos al hospital

reportaje gráfico: carlos mira

El partido Balaguer-Espanyol B fue una batalla. Molina acabó con una desviación del tabique nasal; Dinu, con una rotura de prepucio; Joselu, con un traumatismo cerebral; Eric, con una contusión en la cadera y Sielva, con una contusión abdominal y lipotimia. Un parte de guerra.

El Espanyol B no jugó un partido de fútbol en Balaguer ayer tarde. Libró batalla en una guerra sin cuartel y pagó su languidez. El balance después de los 90 minutos fue de cinco jugadores hospitalizados y otro tantos con numerosas contusiones debido a la dureza de su rival y a un colegiado, el señor Casals López de Arce, que no aplicó el reglamento y que únicamente expulsó a dos jugadores locales (minutos 87 y 91 por doble amarilla). El médico del filial, Miguel Ángel García, no daba crédito anoche mientras esperaba los resultados médicos de Joselu, uno de los damnificados, en el Hospital Arnau de Vilanova de Lleida: "Nunca vi nada igual, y eso que he estado en numerosas ocasiones en competiciones internacionales de taekwondo. Fue la peor tarde de mi carrera". Dinu lo dejó claro: "Fue una guerra".

La Batalla... de Balaguer se inició en la segunda parte del partido. Allí comenzaron las hostilidades. La primera víctima fue Eric López, juvenil. Recibió un fuerte golpe en la cadera que le provocó una contusión que también le afectó el fémur. El futbolista fue sustituido a los pocos minutos, justo cuando le tocó recibir a Óscar Sielva. El mediocentro le pegaron un rodillazo en el vientre que le provocó una contusión abdominal con cuadro vegetativo. Al futbolista le dio una limpotimia y tuvo que abandonar el terreno de juego. Toni Rovira no daba crédito en la banda cuando a Manu Molina le dieron un puñetazo y le desviaron el tabique nasal. El jugador tendrá que pasar por quirófano. El técnico agotó los cambios, pero su rival siguió a la suyo pese a ganar por 3-1.

Joselu, en un salto de cabeza, sufrió un golpe en la nariz y cayó de espaldas, en mala posición. Una ambulancia trasladó al jugador al Hospital de Lleida con un traumatismo craneal que le ha provocado la pérdida de conocimiento en dos ocasiones. Y en el tiempo de descuento, Dinu Moldovan fue la última víctima. Al portero rumano le dieron una fuerte patada en el glande que le provocó la rotura del prepucio. Dinu siguió jugando con dolores y cuando llegó al vestuario tenía toda la ropa interior llena de sangre. El futbolista se asustó y rápidamente lo trasladaron al hospital. Le aplicaron siete puntos y tendrá que ser operado.

La expedición perica se repartió en tres grupos una vez finalizó el choque. El doctor Miguel Ángel García se quedó con Joselu en el hospital de Lleida, donde le hicieron las primeras pruebas médicas. Al jugador lo trasladaron a las 22:30 a la Clínica Quirón de Barcelona y permanecerá entre 24 y 48 horas en observación. Los otros cuatro jugadores, Molina, Dinu, Sielva y Eric abandonaron el Municipal de Balaguer en coches y fueron hospitalizados también en la Quirón, donde les esperaba el doctor del primer equipo, Jordi Marcos, para echar una mano. El resto de jugadores, cuerpo técnico y directivos (Antonio Morales y Josep Maria Borrell) regresaron en autobús y fueron a visitar a sus compañeros entre la estupefacción por haber vivido una jornada deplorable para la imagen del fútbol catalán.

Antonio Morales, directivo del fútbol base, llamó a Jordi Casals, presidente de la FCF, para comunicarle lo que había sucedido y el daño que este suceso provoca en el fútbol territorial, en un episodio más propio de rugby.

La poca personalidad del colegiado, según apuntó un responsable de la expedición perica, fue uno de los detonantes que permitió tal carnicería. Los pericos apuntaron que el árbitro iba a señalar un penalti a favor del Espanyol y se echó para atrás ante la presión y las amenazas de la grada.

La expedición perica también apuntó que esta no es la primera vez que ven una actitud así en un campo de fútbol. "Pégale, pégale", "Dále una patada" eran los gritos de los aficionados, agolpados a ras de césped, que estuvieron en Balaguer ayer. En muchos campos de la categoría se escuchan estos mismos cánticos que lo único que hacen es amedrentar a los árbitros y excitar a los locales. Los pericos ya sufrieron incidentes en Manlleu, con la Penya Barcelonista de la localidad.