Por empeño de Cristiano

Liga BBVA | Real Madrid 2 - Valencia 0

Por empeño de Cristiano

Por empeño de Cristiano

Sus dos goles tumbaron al Valencia y mantienen al Madrid en la pelea. Mourinho salió con el trivote y sentó a Benzema. Albelda, expulsado en el 64'

El Real Madrid, como equipo, se comporta como Cristiano Ronaldo como futbolista. Prefiere jugar a la carrera, es inagotable en el esfuerzo, elástico, ambicioso y si no saca ventaja del ingenio la termina sacando del físico. Si algún problema tuvo anoche el Valencia, además de la expulsión de Albelda, sobre la que volveremos, fue la duración del partido, 90 inacabables minutos. Después de controlar durante el planteamiento y en parte del nudo, la última media hora se la pasó corriendo hacia atrás, rezando para que no llegara uno y luego para que no cayeran dos.

Esa identificación del Madrid con Cristiano no significa que el equipo juegue exclusivamente para él, ni menosprecia el trabajo de sus compañeros. En absoluto. Señala un contagio y una tendencia. Di María y Marcelo, los otros madridistas más desequilibrantes, también son caballos al galope, imprevisibles por veloces, por verticales y por zurdos. Y aunque Özil no comparte esa rapidez de movimientos, la celeridad de sus pensamientos le hace parte esencial de esas formidables estampidas. Sus mejores pases siempre necesitan un galgo.

Semejante fisonomía, construida desde los tacos de salida, nos explica por qué el Madrid se frustra sin espacios y sin balón. Ahí está su debilidad. Su fortaleza es que ni conociendo esa fisura la mayoría de los equipos puede siquiera doblarle el brazo.

Sucede igual con Cristiano. Puede parecer bien vigilado, disperso, chupón, inconstante o ansioso. No importa. No le habrás vencido hasta el último minuto y es en los últimos cuando él te vence a tí. Hasta su peor versión como futbolista conserva intacto al atleta. Que le pregunten, por orden de aparición y castigo, a Bruno, Jordi Alba, Stankevicius y Ricardo Costa. Al Valencia, en general. Su planteamiento defensivo fue irreprochable hasta el límite de lo humano. Después, vino la fiera.

Roja.

Retomemos ahora la expulsión de Albelda, de enorme trascendencia para el Valencia. A los nueve minutos él y Pepe fueron sancionados por una trifulca que bien pudo saldarse con reprimenda verbal, sean sensatos muchachos. En el 64', el capitán valencianista vio la segunda amarilla por interceptar un balón con el hombro. El árbitro apuntó al vestuario y el jugador se señaló el pectoral, esperando que se viera la huella. Acto seguido, camino de la caseta, repasó el árbol genealógico del asistente chivato.

Cuesta tanto decir qué hubiera ocurrido con Albelda sobre el campo cómo imaginar qué hubiera sucedido si se hubieran señalado los dos penaltis que sufrió Di María, el último de ellos clamoroso. Habrá que pensar, por tanto, que no hubo acciones concretas capaces de alterar el balance general, la persistencia del Madrid, el taconazo de Cristiano y esas dos carreras que culminó con tiros de artillero.

En el tiempo que quedó, Cristiano quiso que Benzema marcara un gol que le rehabilitara ante el mundo y ante el entrenador. Mourinho, de hecho, le había dejado en el banquillo en beneficio de un trivote que juntaba a Lass, Khedira y Xabi Alonso. Y aquello, con Higuaín lesionado y el Bernabéu de testigo, era como enviarlo a galeras.

Benzema no marcó y cuando lo tuvo más cerca le faltó agilidad. Al menos se le recuerda algún buen pase y un movimiento de ataque que sirvió para arrastrar a un central en el primer gol, méritos más geriátricos que heroicos.

El Valencia tampoco derrochó pólvora. Soldado rondó las zonas de peligro, pero no desenfundó, y cuando el equipo vio el gol más cerca fue por arrebatos de Mata o Tino Costa. En general, al visitante le faltaron dos metros y le sobraron minutos, los últimos, los que pertenecen a Cristiano.