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Hecho añicos en París

Europa League | PSG 4 - Sevilla 2

Hecho añicos en París

Hecho añicos en París

El Sevilla, muy frágil en defensa, se la jugará ante el Dortmund. La esperanza es que le vale el empate. Un gran Kanouté sin compañía. Hoarau, imparable.

En la caja de cartón que envuelve al Sevilla se lee en mayúsculas: Frágil. Y dentro hay un jarrón chino que se hace añicos casi a diario. El PSG también lo estrelló contra el suelo anoche en el Parque de los Príncipes, eterno cementerio del fútbol español. El 4-2 deja al Sevilla en una posición inquietante. Un empate ante el Borussia Dortmund le clasificará para dieciseisavos de final pero los precedentes le asustan: Fenerbahce, CSKA, Sporting de Braga. Demasiados fantasmas en el armario de un equipo inseguro y que sólo tiene una luz que brilla: Kanouté.

Las cosas no funcionan en el Sevilla. Frágil en el césped, frágil de mentalidad. Y con la fortuna dándole la espalda. Ayer, pese a los cinco grados bajo cero, pareció plantarse bien en el Parque de los Príncipes, con un césped correcto gracias a la calefacción. Con nuevo esquema. O viejo. Renato de mediapunta. Como en Mónaco, como en noches grandes del Sevilla. Y con una aparente buena puesta en escena. Romaric disparó al palo en el minuto 3. Un buen zurdazo, una declaración de intenciones. Pero no. El PSG se cargó el plan con el 1-0 en el primer córner que botó. Camara se adelantó a la defensa y Bodmer remató a bocajarro. Palop no pudo ni moverse. Ni ahí ni tres minutos después, cuando Hoarau remató otra vez a placer en el área pequeña. Un canto a la debilidad. A la poca atención en la estrategia defensiva. Un aviso a Manzano, que había advertido miedo en sus hombres. Pero no esto, poca aplicación. Otro lunar.

Al rescate del Sevilla salió Kanouté, eterno. Un jugador con vergüenza torera que se puso al frente de las operaciones cuando se avecinaba un naufragio gigante. Kanouté, único delantero anoche, se movió bien en el área y cazó dos centros, uno de Capel y otro de Perotti. Empató el partido con la misma elegancia con la que celebró los goles. Kanouté fue el soplo de esperanza para el Sevilla, que se levantó inesperadamente. Igual de inesperados que habían sido los dos goles del PSG, un buen equipo a secas con dos jugadores temibles. Uno es Hoarau, incontenible con espacios. Potente y rápido, una pesadilla para el peligroso Cáceres y el lento Escudé. El otro es Nené, que al borde del descanso realizó un golpeo primoroso con su pierna izquierda. Un 3-2 que fue un castigo para la indolencia del Sevilla, que después del empate había esperado el descanso de manera incomprensible.

El Sevilla se marchó con un puñal y le clavaron otro por la espalda nada más empezar la segunda parte. Cáceres, en una de esas entregas absurdas que precipitaron su adiós del Barcelona, en el que se exige la máxima precisión (Guardiola valoraba su velocidad pero le pedía control), dejó solo a Hoarau, que batió a Palop con la punterita, tipo Ronaldo. El mazazo terminó de hundir al Sevilla, que no se descompuso pero que ya no tuvo más capacidad de reacción. Levantar el 4-2 hubiese sido demasiado.

Así que a los de Manzano, que todavía mandaron un balón al larguero y se vieron perjudicados cuando Luca Banti obvió una clarísima segunda tarjeta amarilla a Chantome, sólo les quedaba mirar el asunto con perspectiva. Evitar tarjetas. Y provocaciones. Edel Apoula, portero del PSG con pasaporte más que dudoso, se dedicó a hacer el bufón durante media hora. Perdía tiempo pegándose panzazos contra el césped. La provocación fue soportada con paciencia por el Sevilla, que esperó al final para reprocharle al portero y a Jallet (que señaló con su mano los cuatro goles a Perotti y le sacó de quicio) un comportamiento penoso arrastrado por las dudas que el Sevilla mostró a la UEFA por la identidad del Apoula.

Día a día, el Sevilla descubre nuevas debilidades. De la supuesta ausencia de liderazgo en el centro del campo pasa a una defensa de verbena. El diagnóstico es preocupante. Hay cuatro esperanzas para verse en dieciseisavos: Kanouté, Luis Fabiano, Navas y una noche mágica en el Pizjuán. Porque el sevillismo no va a dejar solo a su equipo el 15 de diciembre.