Barcelona-Madrid: más estrellas que en el cielo

Liga BBVA | Barcelona - Real Madrid

Barcelona-Madrid: más estrellas que en el cielo

Barcelona-Madrid: más estrellas que en el cielo

Esta es la mayor reunión de genios que admite el fútbol de clubes.

Los dos mejores futbolistas del mundo, sin duda. Los dos clubes más poderosos del planeta. Seguramente, los dos mejores equipos del momento. Y además, muy probablemente, el próximo Balón de Oro. Al margen de la actividad que se vive en los alrededores del paralelo 38 (maniobras coreanas en la oscuridad), no hay en la tierra una mayor concentración de energía, expectativa e interés que la que se concentrará esta noche en el Camp Nou.

Es el Clásico elevado al cubo. Nunca Barça y Madrid llegaron tan fuertes, jamás se sintieron tan contrapuestos en estilos y entrenadores, tan enfrentados ética y estéticamente.

No hay quien se sienta seguro en un pronóstico. Quizá por eso se tiende a pensar que sacará ventaja quien sea más fiel a su idea del fútbol. Por eso el madridismo celebra que Mourinho confirmara ayer a los once fantásticos. Sin embargo, no deberíamos olvidar que Guardiola, en sus dos últimas visitas al Bernabéu, modificó su esquema para sorprender al rival y a fe que lo consiguió. En la primera ocasión, ubicando a Messi como falso delantero centro y a Henry como extremo zurdo; en la siguiente jugando con Alves como extremo diestro y repitiendo con Messi en punta. Entonces nadie lo consideró ni un demérito ni un acto de cobardía. No dio tiempo.

De modo que si recordamos esos antecedentes y los problemas del Barcelona en su estadio en los dos últimos Clásicos (el de Drenthe y el de Ibra) tenemos argumentos para esperar una sorpresa táctica. Y no hablo de la simple duda entre Abidal y Maxwell, sino de un meditado movimiento estratégico que vuelva a atacar al rival por los flancos.

En el Madrid no hay intriga en ese sentido. La razón principal es que el equipo funciona y la complementaria es el orgullo de su entrenador. A Mourinho le dolió que le etiquetaran de técnico defensivo después de las semifinales de Champions del pasado año, cuando, expulsado Motta (28'), el Inter se atrincheró con diez jugadores para defender el 3-1 de la ida. Sobre esa inferioridad, y sobre otras sufridas contra el Barça, ha vuelto en los últimos días, como si todavía le escocieran las críticas y le ardiera el deseo de un desagravio.

El asunto no tendrá mayor importancia si el honor herido no afecta a su instinto de supervivencia. Y si hubo quien especuló durante la semana con la participación de Lass, fue porque existe la sospecha de que el equipo corre el riesgo de romperse en el repliegue, afectado por la escasa y poco natural aplicación defensiva de Özil, Cristiano e Higuaín.

Lass.

En cualquier caso, no habrá panorama que no puedan retocar los cambios. Lass entró en la lista (no así Canales) a pesar de presentarse ayer sólo cinco minutos antes del entrenamiento. Lo que en otra situación le hubiera valido por un fin de semana en Siberia, incluso un mes, ayer se pasó por alto por lo que pueda ocurrir.

También estará en el banquillo Benzema, que durante la semana amenazó la titularidad de Higuaín, con molestias lumbares. Khedira, el otro renqueante, está completamente recuperado.

El árbitro será el tercer equipo en liza, según palabras de Mourinho a un periodista italiano. Y el portugués será el cuarto, nos atreveríamos a decir nosotros. Tan posible es que su actitud distraiga al Barça como que afecte al Madrid. Debe hilar fino, por tanto.

Y para acabar, una certeza: sea como sea, será impresionante, volcánico y emocionante. Clásico, en fin.