Líder contra liderazgo
Pedro Gioya es socio fundador del Instituto de Liderazgo. Como especialista en desarrollo de liderazgo individual y colectivo analiza a los dos entrenadores.
Desde el punto de vista del liderazgo, en el Clásico hay una cosa clara: el estilo de los dos entrenadores refleja la cultura del club en el que trabajan y es coherente con su manera de hacer las cosas.
Sin entrar en disquisiciones sobre el liderazgo, podemos ver el combate entre Mourinho y Guardiola como el combate entre el líder y el liderazgo.
El portugués, el líder. Mourinho es el ejemplo del líder, el personaje carismático que arrastra legiones de amigos y seguidores o furibundos enemigos. Es un Maquiavelo moderno para el que el fin justifica los medios. A él le gusta, no sufre con ello y lo potencia como parte de su filosofía y su psicología de liderazgo. Mourinho es el líder que genera dependencia (entre sus jugadores, entre sus seguidores, entre los medios de comunicación). La gente espera a ver qué hace para opinar, para acatar o para criticar. Es un modelo adecuado para sacar a un equipo de una crisis (de una crisis de títulos, se entiende): ante la falta de títulos se echa mano de una persona con ese magnetismo mediático y ese mal genio. Necesita cabrear al personal, morder, provocar conflicto, nerviosismo y antagonismo. No entiende de humildad o de rebajar su orgullo (ni ante el poderoso ni ante el débil). Así, las miradas confluyen en él y él carga orgulloso con ese peso y potencia la camaradería del grupo. Es su manera de proteger a su manada, a sus muchachos. No es nuevo. Siguió el mismo esquema en Chelsea e Inter. El precio de esa protección es cara: la dependencia. En un equipo liderado así no se permiten libertades ni autonomías (léase Pedro León) ni divergencias.
Lo que no se dice es que es un modelo de liderazgo que necesita de Mourinho para subsistir. En el momento en que éste falte, la estructura se viene abajo. El modelo empieza y acaba en él. Lo que subyace es que para conseguir resultados a corto plazo hacen falta estrellas que funcionen desde ya a pleno rendimiento y la cantera no se tiene tanto en cuenta porque hace falta tiempo para que madure. Se pasa así a una política de fichajes estrella que ha de ser muy cuidada y preparada para matar desde el primer instante. De hecho Di María, Özil o Carvalho dan ese perfil y están funcionando muy bien).
Guardiola, el liderazgo. El liderazgo de Pep es diferente, ha alcanzado otra fase. Como se dice en la industria del cine, lo importante no es llegar, sino mantenerse. Guardiola ha alcanzado este punto. Ya no apreciamos tanto la figura del líder que destaca por sí mismo, sino a una persona ejerciendo un proceso de liderazgo en el que marca la dirección en la que quiere ir, que alinea a su equipo para que haya una única fuerza que tira en un sentido y que ha conseguido obtener de ellos un compromiso maduro y seguro, avalado además por todos los títulos conseguidos. Tampoco duda en utilizar su autoridad cuando es necesario (Ronaldinho, Etoo o Ibrahimovic), pero no suelen ser situaciones habituales.
La esencia del liderazgo de Guardiola es lograr resultados a través del desarrollo de su gente potenciando el bloque y trabajando la química entre ellos. Esto es lo que los hace temibles. El talento no puede comprarse. Cuando surge de dentro, se potencia y se madura, el resultado es de mayor calado. No es solo por el dinero de los grandes clubes o por suerte por lo que surgen futbolistas como Messi, Puyol, Piqué, Iniesta o Xavi. Tampoco es coincidencia que la columna vertebral de la Selección sean jugadores del Barça. Hay detrás una creencia en el poder colectivo e interdependiente (Del Bosque es otro prototipo de este modelo).
Noticias relacionadas
Su estilo es diferente, sencillo, directo pero humilde, no le importa reconocer sus errores ni los aciertos del rival. Cuando ha de pedir perdón, lo hace, pero también deja claro que nadie le va a pisar.
Dos filosofías distintas. Hay algo que trasciende el partido. Son dos filosofías, dos maneras de comprender el mundo y de tomar decisiones las que están en juego. En el campo del liderazgo se dice que una de las mayores pruebas es la segunda generación, lo que ocurre cuando las figuras desaparecen. Veremos entonces qué funciona mejor: seguir fichando estrellas y mesías salvadores o potenciar lo que tenemos y lo que ha de venir.



