Hechizo de Champions
El Espanyol se reinventó y el Hércules acabó goleado.


Como si quisiera apuntarse a esa lucha bipolar que queda tan lejana por el polémico reparto televisivo, el Espanyol añadió ayer un valor añadido a su pleno de victorias en Cornellà-El Prat: la goleada. Y lo hizo con gallardía y desparpajo, pues se reinventó para dañar al Hércules, que no da crédito a su cruel destino, pues practicó un fútbol elaborado y alegre y aun así se llevó un 3-0 de Champions. El tercero que recibe a domicilio en esta Liga.
La propuesta de los pericos fue simple, y quizá por ello solvente a más no poder: abandonaron la habitual posesión y la canjearon por el dominio territorial, empezaron la casa por los cimientos -una sólida defensa liderada por el increíble Amat- y buscaron resolver en velocidad. El Hércules, bien intencionado, se limitó a caer en la trampa. O en el hechizo, pues Cornellà-El Prat ha dado ya al Espanyol seis victorias de seis posibles, gracias a lo cual se vuelve a situar en los benditos puestos de Champions.
Ese acertado afán por reinventarse o morir enseguida dio sus frutos. Los de Esteban se lanzaron al ataque tras atisbar en dos incursiones por la derecha -de Valdez y Kiko- que el botín era posible, pero a la tercera recibieron un golpe mortal. Perdieron el balón a la salida de un córner y el Espanyol armó un contraataque imparable. Javi López, desde campo propio, abrió para Osvaldo, quien asistió a Verdú tras enterarse por los gritos de la grada que estaba solo en el centro: el catalán no sólo no erró, sino que remató de primeras y ajustó el balón a la derecha de Calatayud para hacer el 1-0.
Igual de ajustado que el de Verdú fue el cabezazo de Trezeguet en el 43', la única opción real que tuvo el Hércules para enderezar su rumbo. Pero apareció Kameni, sacando una mano espectacular. Y en la reanudación persistieron los visitantes, ávidos de hallar por las bandas el peligro que se les negaba por el centro, Pero se toparon una y otra vez con la maraña defensiva tejida por los pericos. Estos, no obstante, se evaporaron en ataque, por lo que se adivinaba el clásico sufrimiento que acompaña a (casi) todas sus victorias.
Dos penaltis.
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Hasta que reapareció Osvaldo, quien provocó un inocente penalti de Calatayud, que fue expulsado: la primera pena máxima a favor del Espanyol en Cornellà-El Prat. El ítalo-argentino ejecutó con maestría para establecer su tercer gol en esta Liga.
Con el partido totalmente decantado, Pulhac derribó a Álvaro tras un dribling dentro del área y fue Luis García quien redondeó la goleada. Al Espanyol le pitaron dos penaltis favorables más en un partido que en todo el curso pasado. No en vano, casi todo se reinventó ayer.



