Cristiano paga la ira de los rivales del Madrid

Real Madrid | Excesivas faltas sobre el portugués

Cristiano paga la ira de los rivales del Madrid

Cristiano paga la ira de los rivales del Madrid

jesús aguilera

En Gijón recibió siete faltas, mientras su equipo sólo hizo seis

El Real Madrid hizo seis faltas en Gijón y Cristiano Ronaldo recibió siete. El dato señala un estilo y una persecución. Mientras el Madrid está muy lejos de ser un equipo violento, Cristiano acapara la violencia de los demás. En lo que va de Liga ha sufrido 32 faltas, casi el triple que Messi (11). Como consecuencia de esas acciones, sus rivales han visto dos tarjetas rojas (Botía y Galán) y cuatro amarillas. Ningún jugador del campeonato se ha encontrado con adversarios tan fogosos.

Expuestos los hechos, vayamos a los argumentos. Los no madridistas aseguran que el equipo se ha ganado una animadversión que, con repunte en los galácticos, se ha multiplicado con la llegada de Cristiano y Mourinho. Son soberbios, se dice. Sin embargo la respuesta a la soberbia no es la soberbia. Es la agresividad y, últimamente, el insulto. Balas contra palabras. O para ser más precisos: palos contra actitudes.

El caso Preciado es el más reciente, pero descubre un rencor que inunda el torneo. Después de llamar "canalla" a Mourinho, el entrenador del Sporting recibió el apoyo de ilustres colegas como Guardiola, Pochettino, Garrido, Emery, Lotina...

Lo demás se explica en el campo. En las visitas a Sporting y Levante, Cristiano recibió un total de 13 faltas. Del Horno admitió después de vérselas con el portugués que había consignas para provocarle. Botía se sorprendió mucho por una expulsión que estaba acorde con el ambiente, aunque no con el reglamento.

Da la sensación de que el Madrid tiene que pagar por algo y para Cristiano existe un impuesto particular. Por guapo, por altivo o por musculado. El hecho es que molestan sus cabriolas y sus espaldinhas. Molesta que reclame silencio a quien le increpa, que festeje a lo grande. Todo.

Fortaleza.

Y lo cierto es que el cuerpo, en alguna medida, le juega en contra. La patada de Botía hubiera desmontado a cualquier futbolista (no citemos nombres, está feo señalar), generando la consiguiente alarma social. Cristiano, sin embargo, rodó lo necesario y terminó en pie, con fuerzas para pedir, irónicamente, más madera. No, no es sencillo derribarle. Contra el Málaga resistió dos acometidas que hubieran tumbado a un búfalo antes de reventar las manos de Galatto (el rechace lo aprovechó Di María para marcar). Esas faltas no se cuentan, pero existen.

Denuncia.

Si apenas se hace notar el maltrato es, seguramente, porque Cristiano tiene cuerpo para aguantar eso y más. Mourinho lo advirtió en septiembre, pero, como tantas veces, le fallaron las formas. "Temo que un día le den una h..", dijo. Y el revuelo que siguió se concentró en la palabra sacrílega y olvidó el motivo de la denuncia. Nada cambió.

Para quien pega a Messi se reserva la condena del pacifismo internacional y para quien agrede a Cristiano se ofrece una disculpa casi revolucionaria. Patearle es como atacar al capitalismo y a los opresores del mundo. La idea es absurda, pero cuaja.

En el avión de vuelta a la capital varios futbolistas del Madrid sentían que habían librado una guerra, más que un partido. Se encontraron con un rival cuya primera intención no era jugar, sino intimidar. Si se preguntan por su pecado, aquí lo tienen: son soberbios. Como futbolistas y como personas.