Liga BBVA | Osasuna 3 - Hércules 0

Blandura en el Reyno

El Osasuna se paseó ante un Hércules que falló en todo

<b>ALEGRÍA. </b>Nekounam, Masoud y Damià felicitan a Lolo, tras marcar el segundo gol de su equipo.
Julián Burgos
Llegó a la redacción de AS en Valencia en 2013. Antes fue delegado en AS en Alicante desde 2005. Sigue el día a día del Valencia y escribe las crónicas del Villarreal y Valencia Basket. Ha sido cronista de cuatro equipos valencianos en Primera. Ha cubierto Champions, Europa League, Supercopa de Europa, Euroliga, Eurobasket, Copa Davis…
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El Hércules se está empeñando en dilapidar la buena fama que aglutinó en los primeros partidos de Liga. Y lo está haciendo en partidos como el de Getafe, o peor aún, como el de ayer en Pamplona. Según el reglamento, a los equipos que no se presentan a un partido se les castiga con un 3-0. Y eso precisamente fue lo que le pasó al Hércules. Sencillamente no estuvo en el Reyno de Navarra. Y el marcador fue justamente ese.

La derrota lanza una advertencia a plantilla y técnicos. Lo de Getafe no fue un accidente sino que acaecieron una serie de circunstancias negativas concatenadas que ayer se volvieron a repetir. El Hércules no tuvo intensidad, concentración ni orden. Tres cualidades básicas para intentar sacar algo positivo de un estadio muy complicado en el que Osasuna aún no ha perdido en esta temporada. Salir con esa blandura al Reyno de Navarra es como tirarte en plancha a una piscina de tiburones: muerte segura.

La conclusión es que el Hércules se lo puso demasiado fácil a Osasuna. Tres goles, tres errores de principiante. En el primero, Peña hizo una dejada incomprensible a Calatayud que tuvo que tocar con la mano para evitar el autogol. Y además, en el lanzamiento del libre indirecto, Juanra abrió las piernas cuando el balón le iba a golpear en la rodilla. En el segundo, Rodríguez y Aguilar dejaron el camino libre para que Lolo fusilara a Calatayud. Y en el tercero, la cosa fue ya de chiste. Thomert no dejó rematar a Vadocz una vez, sino dos. Y la segunda desde el suelo y dentro del área pequeña.

Sin empuje.

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Los tres goles encajados definen perfectamente lo que fue el duelo para el Hércules: una incomparecencia manifiesta. Puestos a buscar una mínima coartada, encontramos el penalti que se comió Rubinos Pérez por mano de Miguel Flaño, tras un recorte de Trezeguet. Fue al principio de la segunda mitad y el Osasuna sólo vencía 1-0. Podría haber significado el empate pero sería de necios echarle la culpa al colegiado del cortocircuito general que sufrió el Hércules en el Reyno de Navarra. No hubo un culpable pero sí muchos responsables de la ignominiosa derrota.

Esteban intentó virar el rumbo con los cambios. En el fondo, aunque saltaba a la vista que el Hércules estaba tocado y hundido, la distancia sólo era de dos goles y nadie está exento de un golpe de suerte. Pero ni por esas. Cristian, en una falta directa que dio en el larguero con Ricardo ya batido, estuvo cerca de dar algo de moral a la tropa. También Trezeguet lo intentó con un remate alto tras un pase de Kiko, sorpresivo titular ayer. Fue lo único potable de un Hércules que ya siente el aliento del descenso por primera vez en la temporada. Ante la Real Sociedad, primeros agobios.

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