La Romareda sacrifica el gusto por la supervivencia
La necesidad de salvación ha hecho saltar por los aires el tradicional 'gusto por el fútbol' del zaragocismo. Una renuncia inevitable, pese a los recelos, que explica la decadencia en la que vive el Real Zaragoza. Gay seguirá con cinco defensas en La Romareda, haya quien haya enfrente...

Yo sé lo que le gusta a La Romareda", suelen decir los entrenadores para dar a entender su pacto por el buen gusto en el fútbol. El propio Gay lo ha dicho, el año pasado, justificando la apelación al músculo y el coraje de su equipo para evitar el descenso. Esa demanda tradicional del estadio zaragocista, no expresa pero siempre latente, ha quedado ya en suspenso. Gay va a mantener mañana frente al Mallorca el sistema con tres centrales, entramado de inspiración conservadora que no tiene nada que ver con la idiosincrasia del Zaragoza ni el perfil deseado por su pública. Pero se trata de la necesidad. Y La Romareda, hoy por hoy, está dispuesta a sacrificar el gusto por la supervivencia.
El cambio supone la asunción general (y su traslado futbolístico) de que algo, o todo, ha cambiado en el Real Zaragoza. Que las referencias triunfales o estéticas ya no valen, que el pasado no explica nada del presente y que si el club desea levantar un futuro, el equipo habrá de resistir mañana, pasado y al otro. El dibujo de este nuevo Zaragoza, inaugurado frente al Barcelona, dio frutos en Sevilla y en Valencia. Pero ni siquiera el triunfo en la Copa del Rey y el empate en Mestalla, donde el Zaragoza hizo más ocasiones de gol de lo habitual en el primer tramo del choque, impidieron que la sospecha se mantuviera en pie: ¿Jugaría también Gay con cinco defensas en casa, frente a equipos que no fueran el Barcelona?, se preguntaron muchos. La respuesta es que sí, que lo va a hacer.
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En realidad, Gay no tiene motivo lógico para rechazar una alternativa que ha insuflado un mínimo de esperanza, con lo cara que va este año. De acuerdo a eso, Valencia significó el mejor partido del año. Un consuelo pobre, desde luego, que dejó al aire otras carencias, como la dificultad para producir goles más necesarios que nunca. Pero la salvación sólo tiene ya, entiende Gay, el camino de la supervivencia.
La pregunta es cómo se lo tomará la afición. Todo indica que su única posibilidad será aceptarlo. El Zaragoza ya no puede ser juzgado de acuerdo a los parámetros de toda la vida, sino en relación con su propia decadencia actual. En lo institucional y en lo deportivo.




