Barcelona total

liga bbva | barcelona 5 - sevilla 0

Barcelona total

Barcelona total

Superioridad aplastante del equipo de Guardiola ante un Sevilla contemplativo e inferior. Dobletes de Messi y Villa, que rompió su sequía. Alves hizo el tercero. El Barça jugó a su antojo.

Lo que olía a partido grande no fue sino un paseo de un Barcelona ejemplar que se permitió un partido por fin sin sobresaltos en el Camp Nou; Superioridad integral, de principio a fin. Con la autoridad, la finura y la firmeza de sus noches inspiradas. Un Barcelona 100% Barcelona, como si no hubieran existido Hércules, Mallorca, la primera parte ante el Mallorca o la segunda ante el Copenhague. Como si sólo existiera su esencia y su estilo: su fútbol. No es casual que el mejor Barcelona de la temporada coincida con la aparición del equipo de gala, la pléyade de campeones del mundo con el aliño de ese universo de magia concentrada en 169 centímetros llamado Leo Messi. Es el actual FIFA World Player, Balón de Oro y Bota de Oro. Pero lo mejor de él es que muchísimo más que todo eso.

Al Sevilla de Manzano, en proceso de cocción y todavía por validar fuera del Pizjuán, le quedó enorme el traje de este partido. Como un niño que se pone una americana de su padre para ir a la fiesta del colegio, apareció en el Camp Nou con un dibujo interesante y valiente y las bajas instrumentales de Palop y Navas. Apariencia robusta, incluso amenazadora, que no era en realidad más que un decorado de cartón piedra. Detrás no había nada. Ni plan: y se lo había murió a los cuatro minutos, con el primer gol. No puede el Sevilla ni siquiera lamentarse por la prontitud del gol porque para entonces el Barcelona ya había acumulado ocasiones y juego en torno a la portería de Varas. Cuatro minutos que le parecieron una vida entera hasta que Messi le liberó de su sufrimiento tras resolver con habilidad dentro del área y tras rechace. No hubo más Sevilla. Una llegada aislada de Luis Fabiano, una colección de patadas de Romaric y butacas de primera fila para asistir a la exhibición del Barcelona. Contemplativo, fue víctima y coartada de un baño de fútbol que le arrasó por todos los flancos. No cortó, no presionó, apenas olió el balón y cuando lo tuvo entró en pánico y lo perdió demasiado cerca de su portería. El Barcelona se frotó las manos, sentenció y después se gustó. Del descanso salió como un grupo colegiales al recreo, risueño y relajado en el mejor sentido de la palabra. Los goles fueron una consecuencia lógica, el goteo en el que terminaba de cuando en cuando un rondo infinito. Fueron cinco. Pudieron ser, o eso pareció, tantos como hubiera querido el Barcelona. El Sevilla, noqueado, vivió en la lona.

Villa rompe la sequía

Messi abrió la goleada y la amplió con un slalom marca de la casa. Un doblete en el que la noticia es que no hay noticia: es el cuarto que firma en la presente temporada. Las buenas nuevas se concentraron en Villa, que se sacudió un mes de sequía con otros dos goles, sel segundo brillante y el primero soberbio con un remate con rosca al palo largo desde la derecha. Una rúbrica magnífica a otra jugada iniciada por Messi. Las combinaciones del argentino y el asturiano, a la velocidad de la luz, desordenaron primero y dinamitaron después las líneas del Sevilla, maltratadas por las incursiones de Alves, los pases de Xavi y las espaciadas apariciones de Iniesta. Busquets se bastó para aplanar a Renato y Romaric y el partido se jugó en torno al área del Sevilla. Siempre. Romaric remató su calamitosa noche con una cesión de cabeza a Varas que habilitó a Alves, vivo en el posicionamiento y acrobático en el remate que supuso el tercer gol. Antes, al borde del descanso, se había ido expulsado Konko, frustrado por un caño de un Pedro que también tuvo una participación saludable en la melodía desencadenada del Barcelona.

Fue un día plácido para el Barcelona, muy cerca de su mejor versión, nada exigido por un rival al que desmanteló minuciosamente en cada metro del campo y en cada minuto del partido. Y la exhibición coincidió con la mejor alineación posible, con la aparición de Pedro en la izquierda y la ubicación de Iniesta más cerca de la zona de calderas. Con eso, Xavi liberado, Messi inspirado y Villa en efervescencia, el Barça fue un placer delicioso, el equipo que gusta y se gusta. El equipo feliz que parece lejos de zozobras y que ya ha ventilado en su tránsito liguero paradas tan duras como las del Calderón o San Mamés y ha esquilado como local a dos teóricos aspirantes a aspirante como Valencia y Sevilla. Olía a partido grande y se quedó en monólogo, en recital de un Barcelona espléndido. Villa marcó, Xavi jugó sin rastro de molestias y Messi bailó sobre el ataúd de un rival arrasado. Se divirtió el Camp Nou y se divirtió el Barcelona, vaya que sí.