Los 'ultraserbios' usurpan el papel de los hooligans
La batalla de Génova se saldó con 7 detenidos y 141 heridos leves

Una noche de locura y un día de polémicas, después de la vergüenza de Génova, donde se suspendió el partido Italia-Serbia por el repetido lanzamiento de bengalas de los ultras serbios. Ivan Bogdanov, 29 años, desocupado, un gordo lleno de tatuajes en el cuerpo, jefe de la rebelión con la cara cubierta, fue detenido a las 2:40 de la madrugada de ayer. Ya conocido en su país como líder de los hinchas del Estrella Roja, con peligrosos antecedentes, 'Ivan el terrible' estaba escondido en el maletero de un autobús de aficionados. Ahora está en la cárcel de Marassi, donde ha explicado el significado del tatuaje que tiene en el brazo derecho gracias al cual ha sido reconocido. El número 1389 es el año de la batalla que los serbios perdieron con los turcos, donde nació el espíritu nacionalista serbio que ahora anima la rebelión para impedir la independencia de Kosovo y el ingreso de Serbia en la Unión Europea. El fondo de los incidentes de Génova tienen esa base política, ese intento aislacionista, más allá de la protesta por la derrota de Serbia contra Estonia el viernes pasado.
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La mezcla de las dos cosas ha provocado el asalto a los jugadores serbios al llegar al estadio. El portero Stojkovic, que encajó tres goles contra los estonios fue herido con una piedra, no pudo jugar y se quedó escondido en el vestuario temblando y llorando. Mientras tanto los ultras empezaban a lanzar bengalas obligando al árbitro a demorar el partido 40 minutos y luego a suspenderlo seis después del comienzo. Los incidentes arrojaron un balance de 7 detenidos serbios y 141 heridos leves, entre los cuales hay 124 policías.
El ministro de Exteriores serbio, Vuk Jeremic, pidió ayer disculpas a su colega italiano Franco Frattini, pero en Serbia también acusaron a las autoridades italianas de no controlar los accesos al campo y recordaron que habían avisado el lunes de los problemas que podrían generar sus ultras. La Federación Italiana contestó que la Policía decidió que los ultras entrasen en el estadio en bloque convencida de en el interior iba a ser más fácil controlarlos. Y así empezó otra guerra entre Italia y Serbia, que no tiene ganadores sino un único derrotado: el fútbol, que una vez superada la lacra de los hooligans ingleses ahora ve como se multiplican los incidentes provocados por los ultras serbios.



