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"La tocamos pero no llegamos mucho al área y yo vivo del gol"

Las tertulias del Gambrinus con... Ariel Nahuelpan. Ya se ha ganado el corazón de los santanderinos por su entrega y su lucha. Y eso que sólo lleva un gol en Liga. Pero está convencido que volverá a marcar. Ya no tiene excusas. En su lucha contra el peso ya va ganando y, por fin, tiene a su lado a Bárbara y Bautista, su mujer y primer hijo.

<b>A GUSTO. </b>Ariel Nahuelpan entre Alfredo Matilla y Roberto González y ante la atenta mirada de Jaime del Olmo y Paco Rado antes de la cena.
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Lo primero que hace es retirar el pan. Evita tentaciones. "Me gusta mucho comer. Cuanto menos lo vea mejor". Y debe ser cierto. Mientras el resto dan buena cuenta de las almejas a la marinera, gambas al ajillo, puding de cabracho, bacalao con tomate y natillas de chocolate preparados por Miguel Martín, el invitado tan sólo se lleva a la boca una ensalada mixta mezclada con pasta y regada con agua. Ni postre ni café. "En un mes he perdido kilo y medio de grasa. He estado muerto de hambre. Uno tiene que sentirse bien, pero no se puede sufrir..."

Es Ariel Gerardo Nahuelpan Osten (Buenos Aires, Argentina, 15 de octubre de 1987), delantero del Racing a quien todo el mundo en Santander ya conoce como El Loco.

Varias cosas llaman la atención de los periodistas. Primero, sus tatuajes; los tiene de varias formas y tamaños y, alguno, aún sin concluir. En su brazo derecho los nombres de Bárbara (su mujer) en pequeño y Bautista (su hijo) en grande. En su hombro izquierdo se halla el inconcluso, que deberá esperar un tiempo.

"Los tatuajes me los hace un amigo que tengo en Buenos Aires. Cuando regrese me acabará el que me queda".

Segundo, su pelo, mejor dicho, su ausencia total.

"En mi primera temporada en Nueva Chicago, a los novatos nos hacían varios cortes de pelo en la cabeza y teníamos que pasar tres o cuatro días así. Para arreglarlo me lo corté del todo y así sigo".

A pesar de su imponente presencia (ronda el 1,90 de altura) se le nota su origen humilde y sus cercanos 23 años (los cumplirá dentro de seis días). Sabe de donde viene y lo que le ha costado llegar. Proviene de Mataderos un barrio de Buenos Aires, ubicado en su límite oeste, lugar en el que convivieron el campo y la ciudad; allí se instaló, en 1899, el matadero de ganado vacuno. Cuando el barrio comenzó a poblarse con trabajadores atraídos por la nueva actividad, fue llamado "la Nueva Chicago", en alusión a la ciudad estadounidense, centro de la industria de la carne. El club de fútbol del barrio se llama Nueva Chicago y allí comenzó Ariel su andadura futbolística, entre 2005 y 2008.

"Vengo de familia humilde; mi padre sigue trabajando de albañil y mi madre, que era asistenta, ya no lo es. Cuando las cosas iban mal en mi país trabajé como peón ayudando a mi padre. Ahora, por suerte, hemos superado aquella etapa; desde primeros de año tengo una empresa, muy cerca de mi barrio, que se llama 'Todo relleno' especializada en empanadas y pizzas. La lleva mi cuñado y va bastante bien. No soy derrochador; antes que tener muchos autos prefiero invertir en casas".

Racing.

La ilusión del argentino era venir a Europa y desde el 5 de junio, fecha en la que anotó su último gol con el Coritiba, se marcó ese objetivo.

"Seguía mucho el fútbol en Europa; aquí es más rápido e intenso, mientras que en Argentina es más pausado. Donde he notado la diferencia es en las aficiones. En Argentina es más pasional; pierdes tres o cuatro partidos y el entrenador va a la calle. Aquí es más tranquilo, aunque me emocionó cuando me cantaron ¡Loco, loco! el primer día. A mi representante le dije que hasta el último momento no quería saber nada, ni del Racing ni de ningún otro equipo. Que no me dijera nada hasta tener los pasajes. Me lo dijo y a los dos días viajé".

Y enseguida habla del equipo y de su juego actual:

"Con la forma de jugar actual no estamos llegando mucho. Es complicado formar el esquema, pero hay que intentar no sufrir. Hay que jugar bien y sacar puntos. Puede que en los partidos se vaya de más a menos, el rival también juega. Nos falta llegar. La tocamos pero no llegamos al área. Yo vivo de goles; soy un delantero centro puro que, además, nunca he jugado con este sistema".

Es contundente cuando responde a la pregunta de si puede jugar junto a Rosenberg:

"Claro, depende de todo el grupo, que tire para adelante. Tenemos que ser más agresivos. Si quieren que sea un jugador más de área tiene que llegar el balón. A mí me gusta chocar, rematar, ser una referencia arriba y buscar los centros. Creo que tenemos que ser un equipo más compacto. Tímido no soy, soy bromista. Me gusta vacilar a los doctores".

Asegura que en Argentina, sus familiares y amigos ven todos sus partidos por la tele: "Allí dan todo; no hay problema para que me vean. Cuando estoy jugando y fallo me acuerdo de ellos. Ojala un día me vean con la camiseta de la selección, pero sé las limitaciones de cada uno y es complicado".

¿Y Cantabria?

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"Es espectacular para vivir. Me gusta visitar los sitios y enseguida iré por ahí con mi familia. Su comida me encanta".

Nadie lo pone en duda, salvo por la cena que ha ingerido. Seguro que ha pasado hambre.

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