Ya sólo el Athletic posa al modo tradicional
Los jugadores evitan agacharse en la foto de equipo.

La situación es alarmante, dramática, diría. Una de las imágenes más tradicionales del fútbol está en peligro de extinción. Se trata del posado de los equipos antes de los partidos. Cuando los jugadores se colocan frente a las cámaras apenas queda rastro de la postal clásica, del cromo histórico: seis jugadores de pie y cinco en cuclillas. Hoy en día los futbolistas han dejado de agacharse, como si hacerlo fuera un desdoro o como si les atacara la artritis.
Con la honrosa excepción del Athletic, en España los equipos han terminado por posar como un grupo de turistas frente al Partenón. No hay respeto ni a los fotógrafos ni a la inmortalidad. Tampoco a la editorial Panini. La impresión es que los futbolistas, poco dados a los actos conjuntos, están deseando disolverse. El comportamiento sólo se comprende si hay aviso de incendio o la concentración de egos resulta altamente inflamable.
Cuentan que el alzamiento comenzó en Sudamérica en la década de los 70. En la línea inferior de Independiente, Bochini se elevaba sobre las cabezas de Bertoni, Maglioni, Semenewicz y Balbuena; ninguno rechistó. En aquel tiempo, Fernando Morena añadió una novedad revolucionaria en los posados de Peñarol: sentarse sobre el balón.
Años después ya reinaba la anarquía y cabía un pony entre las piernas de los futbolistas agachados. Los retratos de la época demuestran que los jugadores de baja estatura, como Roberto Carlos, entonces del Palmeiras, encontraban verdaderos problemas para hacerse ver detrás de tanto delantero enderezado.
La moda llegó a España y ya se ha convertido en plaga. Ni las categorías inferiores ni las secciones femeninas se libran de la falta de compostura. Tampoco se guarda el orden de formación que reunía a los delanteros en la planta baja. Ahora los bajitos, defensas o arietes, disimulan su falta de centímetros en posición de demi-plié o directamente enhiestos.
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Sin menoscabo de la libertad de expresión, los rebeldes deberían saber que el gesto les favorece poco. De hecho, la mayor parte de las veces salen retratados como culibajos o cuellicortos, y eso cuando no parezcan víctimas de un traicionero pellizco intestinal.
Hay una esperanza, no obstante. Durante el pasado Mundial advertimos que selecciones como Italia, Portugal o Japón formaban con una impecable coreografía, ya utilizada por la Juventus de Zidane en 1996. En lugar de doblados a su antojo, los futbolistas aparecían con los brazos entrelazados y una rodilla hincada en la hierba (la derecha, curiosamente). Es una alternativa que promocionar. Cualquier cosa antes que este desorden de turistas en pensión completa.



