Agapito también quiere echar a los "intocables"
A Agapito Iglesias le gusta manejar el tiempo de sus decisiones y ejecutarlas cuando a él más le conviene. En la mayor crisis, si cabe, de su época en el Zaragoza, ayer mantuvo una apariencia de calma mientras en el club la tensión se corta. Gay y Nayim no son los únicos que van a caer.

Una vez más, Agapito Iglesias va a derribar el Real Zaragoza que él mismo había construido para levantar otro aún más incierto, si cabe, que el anterior. Su última vuelta de tuerca a la hecatombe permanente en la que ha convertido el club consiste en llevarse por delante a Antonio Prieto y Pedro Herrera, los técnicos del club a los que hace poco tiempo calificaba de "intocables", La crisis que tiene abierta el presidente supone la enésima revolución de la contrarrevolución y refleja el absoluto descontrol en el que ha entrado el soriano, que ya no atiende absolutamente a nadie en el club, apenas se comunica con sus ejecutivos y mantiene en vilo a todos mientras prepara en silencio su último golpe de timón.
El presidente y accionista mayoritario del Real Zaragoza pasó ayer por la tarde por la sede del club y después viajó a Madrid, donde hoy participará en una junta directiva de la Liga de Fútbol Profesional para tratar el nuevo reparto de los derechos de televisión. En el club la tensión se cortaba, pero Agapito se comportó con extraña normalidad y no hizo ninguna mención de que vaya a tomar decisiones inmediatas. Nadie lo toma como un indicador fiable: todos son conscientes de que están en el alero los cargos más representativos de la entidad. Los que han tomado las decisiones en los últimos meses junto al propietario.
Los precedentes con Gerhard Poschner, los enfrentamientos internos de Agapito con Marcelino, el afán del presidente por intervenir en las decisiones deportivas más cotidianas, sus gestos hacia Eduardo Bandrés mientras fue presidente o el modo de distanciarse de Víctor Fernández al final del primer año de su mandato permiten pensar en el club que cualquier cosa puede ocurrir en cualquier momento. Algunas fuentes aseguraban ayer que éste ya le habría anunciado a Antonio Prieto su inminente destitución, tras un fuerte desacuerdo entre el presidente y el director deportivo con la labor de José Aurelio Gay de fondo. Tanto Prieto como Herrera prefieren de momento mantenerse al margen y guardar silencio.
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Prieto representa otro ejemplo de la dinámica de vaivén enloquecido que Agapito Iglesias ha convertido en su estilo de dirección del Real Zaragoza. Llegó al club en 2008, tras el descenso y la inmediata renuncia de Miguel Pardeza. Primero se integró en la secretaría técnica y más adelante Agapito le dio el cargo de director deportivo. Dos temporadas después, el empresario soriano ya piensa deshacerse de él, pero sus cambios de rumbo siguen costando dinero: a Prieto le quedan por cumplir tres años y medio de contrato en el Zaragoza.
Respecto a Pedro Herrera, su posición con respecto a Agapito ha quedado muy debilitada. Igual que Prieto, el secretario técnico ha acusado en los últimos meses la deriva presidencialista en la construcción del equipo. Ambos vieron rechazados muchos de sus planteamientos y han observado cómo su capacidad de influir en las decisiones del presidente disminuía a toda velocidad. A estas horas, Agapito confía más en sus propios criterios (incluidos, desde luego, los futbolísticos) que de cualquier consejo.



