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Festín de los intocables

Liga BBVA | Real Madrid 6 - Deportivo 1

Festín de los intocables

Festín de los intocables

Baño de solidaridad en el Bernabéu: marcaron Cristiano (2), Özil, Di María e Higuaín. Fue un pelele el Deportivo, ya colista. Debutó Juan Carlos

Flaquea el Barça, marcan los intocables y los tangibles, asoma Khedira, se sueltan Di María y Özil, brotan de golpe la solidaridad, la disciplina y la ambición, los pilares de la tierra. El Madrid roza el estado del bienestar, aunque aún caben altibajos en esta obra a medio hacer. Pero partidos como el de ayer volverán más afectuoso al Bernabéu y eso acortará los plazos para lo que Mourinho entiende como armar un equipo. Hasta los dientes, si es posible. Y todo a costa de un MiniDepor atormentado y desprovisto ya de cualquier atisbo de grandeza. A menos dinero, menos plantilla y peores resultados. Es una explicación, aunque no un consuelo. Los gallegos se fueron a la cama colistas y a Lotina no le llega la camisa al cuerpo. La buena noticia es que el Madrid no estará siempre enfrente.

A los tres minutos marcó Cristiano, un gol que fue valium para el portugués, aún tratándose de la propensión a confundir su juego con un fusil de repetición, y que despejó de cuestas el partido para el Madrid. A partir de ahí todo sonó bien. Khedira, que de puro gris había quedado confundido con el paisaje, dejó a Xabi Alonso a su espalda y su fútbol, por primera vez, tuvo sal en ataque. Di María volvió a la derecha, donde se queda en la mitad, pero está chisposo e intuitivo. Lo demostró con un gol de 'nueve', que no está en su manual de estilo. E Higuaín fue bandera del inquebrantable principio de solidaridad que proclamó Mourinho en la víspera y en la sala de prensa, convenientemente convertida por el técnico en instrumento de propaganda también de puertas adentro.

El argentino ofreció desmarque y dio dos goles, limpiando su mala reputación de ególatra. Y marcó el suyo en la enésima jugada colectiva del equipo. Lo que acaba bien tras pasar por muchas piernas refuerza la camaradería y la fe.

El gol de Özil.

También pasó mucho el balón por Özil y eso embellece notablemente al Madrid. El alemán entra y sale de los partidos y se aflige más de la cuenta fuera del Bernabéu, pero no siempre es culpa suya. Sin movimiento de las demás piezas, un pasador se queda en nada. Ayer ofreció buenas soluciones y el resto del frente de ataque se lo puso más fácil. También hizo un gol, que precisó de dos recortes hasta que se encontró la izquierda, alfa y omega en su fútbol.

Cristiano siguió peleando contra sus demonios, sin felicidad en el rostro pero en convalecencia. Hizo el primer tanto en cabezazo de ariete, puso la primera piedra del segundo y sólo dibujo la sonrisa cuando completó el set. Intocable por algo.

La bondad del rival dio incluso para el debut de Juan Carlos, bonito gesto de Mourinho para mantener alta la moral de la cantera. Intervino poco el relevo forzoso del 'óptimo' Pedro León, pero entre el alboroto del público, que también está a favor de esta obra.

Y atrás se sacó brillo Casillas, que le limpió un mano a mano a Lassad tras una 'cannavarada' de Carvalho, más sobrado de oficio que de velocidad, y retrasó el gol de Juan Rodríguez, premio sin valor para el Depor. Mourinho le asegura un camino más tranquilo hacia su vejez deportiva.

El Depor no estuvo ni emprendedor ni acertado. Tampoco lo permitió el Madrid con esa defensa pegajosa, colectiva y sin escaqueos en la que Pepe sirve de ejemplo. El brasileño se merendó a Lassad y no tanto a Adrián, que le cogió más fatigado. En cualquier caso, Guardado pareció muy lejos de sí mismo; Rubén Pérez, organizador de educación rojiblanca, no salió revalorizado, y su zaga tuvo mandíbula de cristal ante un ataque impecable. En plena sequía anunció Mourinho que alguien pagaría por las ocasiones perdidas. Fue el Depor. Y ayudó el Mallorca desde Barcelona.