Agapito ya no cree en Gay
Después del empate con el Sporting, la continuidad de Gay está más amenazada que nunca. Los resultados serían la coartada, pero en el fondo subyace una arbitraria pérdida de confianza de Agapito en el técnico y el creciente intervencionismo del presidente en cuestiones deportivas.

Agapito Iglesias tiene prácticamente decidida la destitución de José Aurelio Gay, cuyo relevo puede consumarse en las próximas horas a la vista del estado en el que el presidente y accionista mayoritario del Real Zaragoza ha entrado en la última semana. Parece complicado que Agapito dé marcha atrás, porque la inminencia de su decisión se ha mascado ya durante los últimos días en el club, Gay no es ni mucho menos ajeno a la debilidad que los resultados van otorgándole y el empate contra el Sporting no ha hecho sino terminar de decidir al presidente contra el que todavía es su sexto entrenador.
Como le ha ocurrido ya en numerosas ocasiones (con entrenadores y otros personajes del club), Agapito ha perdido la confianza en Gay con la misma arbitrariedad con la que antes se empeñó en su defensa. Si lo destituye, el siguiente será el séptimo entrenador que entra en el primer equipo en poco más de cuatro temporadas. Cuatro temporadas y un mes de la quinta, para ser exactos. En ese periodo, Agapito ha entregado el cargo a Víctor Fernández (2006/07), Garitano, Irureta y Manolo Villanova (2007/08), y Marcelino García Toral (2008/09 en Segunda y 2009/10 en Primera). Para terminar con Gay, cuyo periodo se aproxima al ya clásico final abrupto, después de apenas diez meses.
La decisión encuentra una coartada bastante irrebatible en los resultados (seis acumula ya el Zaragoza partidos sin ganar). En el fútbol son lo más incuestionable. Tan incuestionables como que Gay (y Nayim, que se irá con él) manejan un grupo limitadísimo, lastrado por una planificación deportiva orillada ante las penurias económicas. En la construcción de este equipo, el presidente tuvo un papel fundamental al limitar las inversiones y rechazar las alternativas de mayor calado que le presentaron los técnicos del club. Eso no exculpa a nadie, pero introduce matices decisivos. En esas alternativas, por cierto, también se incluyó la de otro entrenador que no fuera Aurelio Gay. El club llegó a negociar con Gregorio Manzano este verano, como en diciembre pasado lo hizo con Víctor Muñoz.
Imprevisible.
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En ambos casos fue Agapito quien, de forma unilateral y personal, resolvió que Gay se quedara. Este verano esa decisión, viciada de personalismo era plenamente justa con el técnico, que había contribuido a la salvación. Entonces, el técnico antepuso su deseo de entrenar en Primera, y al Zaragoza, a cualquier objeción o exigencia en el diseño de la plantilla. Sabía que jugaba una baza débil, pero se impuso el desafío y lo ha llevado con mesura, corrección y trabajo.
¿Y después de Gay? ¿Un hombre de la casa, otro fichaje de fuera? ¿Alguna recomendación de otro de esos consejeros áulicos que Agapito encuentra fuera del club? Nadie, ni los más próximos, pueden estar seguros. Cada vez más solo dentro y fuera del Real Zaragoza, el próximo movimiento de Agapito es imprevisible, pero se anuncia ruidoso. Es su estilo. La tendencia de Agapito a derribar todo lo que construye y huir adelante puede convertir a Gay en la siguiente víctima. En su viaje hacia el caos, el empresario soriano ha arrastrado al Zaragoza, hasta dejarlo sin futuro: convertirlo en un club sin norte que vuela en medio de un huracán.



